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Oye, esto es un engaño, porque llevo varios días tratando de desvelar los secretos de este cometa y nada, que no hay manera, que siempre me sale el mismo resultado. Pienso que ha de ser cosa de este cromatógrafo Pentium que calzo, que no atina a afinar con más decimales, pues una y otra vez me canta el mismo resultado: com-poneenteees genéééricos de co-meeta. ¡Leches!, trato de concrete un poco más y me diga cuáles, y nada, erre que erre a lo suyo, con esa voz informática que tanto me saca de quicio: com-poneenteees genéééricos de co-meeta.
Luego, rebuscando, me encuentro con que la masa de lo retornado a la Tierra, de lo analizable en suma, no supera los tres gramos de polvo cometario. Y eso a repartir en ni sé cuántos laboratorios repartidos por todo el mundo. Osease, a saber qué cantidad ínfima me toca analizar a mí.
Al menos en España creo que no van a engañar a nadie. Después de lo del 11-M, aquí ya sabemos que en los análisis, con tan poca muestra analizable, no puede salir nada distinto a eso de com-poneenteees genéééricos de co-meeta. Una perogrullez que hace que nos preguntemos a qué viene tanto cante de sonda espacial, para luego sólo obtener vaguedades lejanas.
Me temo que como no nos caiga un cometa encima va ser imposible saber de qué están hechos: hielo ECO, titadyne, mercromine o vete a saber. En España la cosa la tenemos clara: es científicamente imposible, con semejante volumen de muestras sacar nada en claro, aparte, claro está, de eso tan socorrido: com-poneenteees genéééricos de dinamita, digo, cometa -en qué andaré yo pensando-.
En fin, que desde mañana, día 11, abandono el proyecto. Ya lo siento, pero a mí no me engañan dos veces.
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