Telepatía Telefónica (Más Bien No)
Hace unas semanas la BA (Asociación Británica para el Avance de la Ciencia) celebraba allí al norte su festival de las ciencias, cumpliendo además 175 añitos de existencia. Y, paradójicamente, invitó a uno de los actos a Rupert Sheldrake, para hablar de (tachín tachín) ¡¡ telepatía !!. Sheldrake es más conocido por inventarse resonancias mórficas que permitirían una especie de éter que impregna los cerebros de animales de todo el mundo, para ir aprendiendo a través de él nuevas habilidades. Por ejemplo, no hace falta que enseñemos a todos los monos de un zoológico a hacer algo: basta con educar a unos pocos y, por arte de magia -quiero decir, de las resonancias mórficas- las siguientes generaciones sabrán hacerlo. Ojalá funcionara algo así en el mundo real, claro está, porque entonces no estaríamos lamentándonos siempre de los bajos resultados que muestran los estudiantes españoles al final de la ESO. Bastaría con coger a unos pocos, enseñarles a resolver las ecuaciones más difíciles y sentarnos a esperar para tener una generación de supergenios. Sheldrake también está convencido de que los perros, los loros y otros animalitos que conviven con los humanos son capaces de -telepáticamente- saber cuándo sus amos vienen a casa. Sheldrake se cree muchas más cosas, casi todas, como cualquiera puede comprobar en su web. Su último libro, para hacernos una idea, se titula "The Sense of Being Stared At, and other Aspects of the Extended Mind": en efecto, para Sheldrake eso de que nos demos cuenta de que alguien nos mira funciona incluso cuando lo hacen desde detrás, y se trata de un sentido "no convencional" que él desgrana con la habitual profusión de entes imaginarios, disfrazados de "causación formativa".(Un paréntesis, a este respecto, recomiendo uno de los gags del último espectáculo de Faemino y Cansado, donde se enzarzan en una simpática discusión sobre una frase de Faemino, quien afirmaba: "entonces viene un perfecto desconocido por detrás y te toca en el hombro"... Cansado le interrumpe y explica que, si venía por detrás, no podía saber, como él estaba narrando, que fuera un "perfecto desconocido": no podría saber si era desconocido o no, o siquiera si era un humano o, ya puestos, un marsupial... No sigo, sólo hago notar que, para Sheldrake, Faemino habría expresado la historia correctamente, porque las ondas emocionales del perfecto desconocido le habrían tocado antes que la mano del mismo... en fin, qué paridas puede escribri la gente, y no me refiero ni a Faemino ni a Cansado).
Desde luego, se trata de un personaje popular, pero no precisamente de un científico (él mismo reconoce que muchas de las pruebas de sus teorías han fallado, aunque sigue considerándolas ciertas, y por otro lado, propone pruebas experimentales que no van más allá de la simple recolección -sesgada- de anécdotas o recuerdos, algo metodológicamente poco adecuado). Con ello, espero que se entienda que resulta paradójico que fuera él quien protagonizara uno de los actos públicos que más ha trascendido de ese festival de la ciencia británico, en el que se reúne lo más granado de la divulgación, de la investigación, y todo pensado para que la gente se anime a dedicar un poquito de su tiempo a algo tan necesario -y desconocido- como la ciencia. (Ojo, que el festival tenía un montón de actividades estupendas, no quiero con ello decir que las estupideces de Sheldrake hayan tirado por el suelo la iniciativa. La emborronan, eso sí, sin duda, sobre todo por el poco criterio que demuestran quienes deberían velar, precisamente, por estas cosas...). Por ejemplo, yo leí sobre el asunto en Tendencias 21. La charla de Sheldrake tuvo lugar el pasado 5 de septiembre en Norwich, en un acto titulado "Más allá del cerebro: haciendo de la ciencia algo personal", en el que intervenían, además, Peter Fenwick y Deborah Delanoy. En la zona de la web donde aparecen actos retransmitidos por Internet no he encontrado este..., aunque sí lo anuncian y hay una noticia sobre él, así como otros ecos en The Times, donde varios expertos decían que era un gran error haber montado ese acto.
Habría que comentar que la entidad organizadora de esa mesa redonda, la "Scientific and Medical Network", dista mucho (lo comentaba en The Times un portavoz de la Royal Society) de ser parte de la corriente principal de la ciencia. Se dedica, según declaran en su web, a "explorar la interfaz entre ciencia, medicina y espiritualidad". Habría que añadir que los otros ponentes no fueron precisamente opositores a las teorías sheldraquianas: el Dr. Fenwick habló de que en las experiencias cercanas a la muerte se demuestra que la conciencia sobrevive cuando la gente muere; la Dra. Delanoy sugiere en su trabajo que podemos, sólo con el pensamiento, influir y afectar los cuerpos de otras personas.
Pero la revelación de Sheldrake el otro día en su charla fue impresionante: "el 45% de las personas sabe quién llama antes de descolgar el teléfono". Y aclaro que no se refería a que con las líneas digitales uno puede ver el número desde el que se hace la llamada entrante, no. Hablaba, una vez más, de telepatía: "la conexión entre seres humanos depende más de los lazos afectivos que de la distancia física". Y, según afirma Sheldrake, esto viaja por teléfono. Y por Internet. Se refería Sheldrake a esa habitual experiencia de que uno piensa en una persona y, al poco, esa persona le llama por teléfono o le escribe un emilio. A mi me suele pasar con la redacción de QUO, sobre todo cuando se acerca el cierre de la revista. Pero no, debo ser un mal pensado, porque todo es culpa de la telepatía.
En la noticia mencionada de la BA leemos:
Through a series of controlled experiments into telephone telepathy, the first of its kind, Sheldrake was able to reveal findings which could give the sceptics pause for thought. Subjects were asked to predict who, out of four possible callers, was on the end of a phone line. By chance, participants would have guessed correctly about 25 per cent of the time, but Sheldrake’s experiments revealed a much higher success rate with over 40 per cent of guesses hitting the mark.Por lo que se ve, repitió el "experimento" para un programa de la tele (Channel 5), consiguiendo altísimas tasas de éxito. Y afirmó que en una prueba realizada sobre quién sería el que te mandaba un emilio, se alcanzaron unos resultados que evaluaba en "por encima de 10.000 millones a uno contra el azar". Uno puede colaborar en varios experimentos online a través de esta página. Estoy por montar algo paralelo para los lectores de esta bitácora: se trata de que predigan de quién será el próximo comentario a esta historia (bueno, podemos ampliarlos a otras historias). Sin entrar a critiar la pobre metodología de esos "experimentos", desde luego, ya ese cálculo suena tanto al falaz post hoc ergo propter hoc que mejor lo dejamos.
Es interesante seguir la polémica en los artículos de The Times Online:
- el que inició la controversia, el mismo día de la charla (5/9/6): "Scientists angered by telephone telepathy study", de Mark Henderson.
- el que habíamos enlazado antes: "Theories of telepathy and afterlife cause uproar at top science forum", de Mark Henderson. Escrito el día 6.
- The research that triggered the row, el día 6, donde se detallan los experimentos de Sheldrake y de los otros ponentes.
- Y una réplica de Sheldrake publicada por el mismo diario el día 7/9: "Gosh, I was just thinking about you".
A todo esto, la historia de pensar en alguien y que de repente te llame por teléfono -o te envíe un email o un semesé- (y, hay que decirlo, prepararlo a priori con ellos como se hace en el ensayo de Sheldrake no es tan acojonante como cuando te sucede sin más) me recuerda siempre una historia que contaba el genial físico Richard Feynman: se encontraba él muy adentrada la noche, estudiando algo, y pensó en su abuela, mayor, de la que no había sabido últimamente, imaginando que cualquier día de estos le llamarían contándole que acababa de morir. En estas, sonó de repente, en medio de la noche, el teléfono. Y era una persona desconocida preguntando por un tío que Feynman no conocía tampoco de nada. Se había equivocado. Como bien explicaba, ese hecho era en sí terriblemente sorprendente, una concatenación altamente improbable de pequeños sucesos que ... sin duda no tenía significado. Si Feynman hubiera contado que la llamada era de un familiar para comentar la muerte de su abuela (algo al fin y al cabo más bien probable: los familiares te llaman, a ciertas horas las llamadas sólo son por cosas urgentes, y además la abuela estaba mayor), ese hecho se convertiría, para mucha gente, en algo casi paranormal. ¿Por qué somos así los humanos?
Esta es la cuestión que los experimentos de Sheldrake, incluso aunque estuvieran bien realizados, no contestarán nunca. La que obvian pretendiendo una significación paranormal al asunto. Pero es precisamente la que permite la explicación más coherente a las muchas casualidades que tenemos en cada momento y que a veces, al ser conscientes de ellas, nos parecen algo significativo. Son casualidades, y lo raro es que no pasaran.
El tema da para mucho, como siempre, con flecos sobre todos los aspectos: desde por qué en un festival de ciencia se cuela un acto de una asociación un tanto pseudocientífica con pseudociencia amparada -y pagada- con los erarios públicos hasta por qué seguimos pensando que la telepatía está -más o menos- comprobada cuando no es así, cuando la evidencia científica es más bien contraria y desde luego dista mucho de estar probada EN ABSOLUTO esa "mente extendida" de la que viven personas como Sheldrake. Pasando por muchas otras cuestiones, claro...