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Diego, muy bueno tu análisis, como siempre, tipo condensando de no sé.
Yabba, simpático, el estado verdulero, como garante último de que lo que circula en el mercado, es lícito y no dañino. Esa es la idea que subyace al tema de las medicinas, esas drogas legales que sólo pueden tomar, vía receta, quienes las necesitan para curar o aliviar algo, y que sólo pueden vender los legalmente establecidos a tal efecto. Esa es la idea, bastante simple, por cierto.
Que Mclatha "defiende el derecho de los etarras a pegar tiros", eso ya no te lo paso, incluso sin consultarle a él. ¡Será posible! ¡Claro que nadie tiene derecho a eso!. Y la ley, cómo no, ha de encargarse de poner negro sobre blanco semejante perogrullez. Para contradecir a McLatha en lo que pienso que él defiende no lo creo anarquista- deberías defender algo así como que el estado tiene derecho a retener, a aislar convenientemente, y por el tiempo que hiciese falta, a cualquier sospechoso de poder matar un día a alguien o de hacer cualquier otra barbaridad, es decir, a cualquier ciudadano: a ti o mí, sin ir más lejos. Vamos, imagina un estado estilo supermadrecastradora, como esas que no dejan salir a su hijos de casa, por si les da por romper cristales. Nada, que no salen, y arreglado. Con madres estado como esas, se acabaron los rompecristales. O dicho a la inversa, en positivo, para que lo entiendas como buena nueva: cualquiera tiene derecho a vivir en libertad, sin cargos, sin ser vigilado y con tanta libertad que, si ese alguien se empeña en matar, ese alguien podrá seguramente hacerlo. No es que tenga derecho a matar, sino que, mientras no haya matado, tiene derecho a vivir con la libertad de movimientos suficiente como para poder convertirse, incluso, en asesino. ¿Ves la diferencia?
Y tienes razón, la sociedad no se arroga el derecho a defenderse de los asesinos. No se lo arroga porque le corresponde por derecho propio, sin necesidad de arrogamientos -ni de arrugamientos progres-. Y te equivocas de plano en que eso es algo que se vota sí o se vota no, dependiendo de mayorías, pues aunque un pueblo soberano, a través de sus representantes, cree un conjunto de leyes que se comprometa a respetar, de nada sirve el legajo si no es ese derecho del que hablamos uno de los pilares fundamentales en los que se base su ley. Y sería una mierda de ley y una mierda de democracia si aprobara algo que contraviniera semejante elementalidad. Te lo apuntas. Entiendo que para un ojo poco acostumbrado, cualquier jungla es un jardín, pero no, pues en uno se vive bien, sin fieras, y en la otra se vive, entre follaje sí, pero siempre en tensa espera, esperando lobos.
Tabaco. Te cuento: con siete años, los de mi pandilla no teníamos el menor problema a la hora de comprarnos el tabaco. Claro, ¿quién iba a pensar que un mocoso de siete años fuese a comprar tabaco para alguien que no fuera su padre?. Nos gustaba el Celtas sin boquilla -por precio, claro, aunque no era el más barato-. También el Palmitas el tabaco que fumaban las putas, decíamos-, que tenía papel marrón, tipo More, y boquilla dorada; una chulada, o eso nos parecía, que nos permitía sentirnos distintos a cualquier padre fumador de Ducados, Jean o lo que tocase en casa. Siempre me acompañará aquel recuerdo de mis primeros malos humos. Nos pillaron rápido, eso también, aunque no nos enchironaron ni nada: un sermón en mi caso, dicho día sí, día también- así, como un runrún, ya sabes-, fue suficiente para que me calara la idea de que si fumaba, además de que me haría daño de algún modo, me castigarían. Uf, qué represión más dura la que sufrí.
Oye, ahora que no me oyen mis padres: qué emoción ir a comprar dos paquetes de pipas, unas Regalinas y, a la vez, un paquete de tabaco. Uf, qué tiempos. Hoy nos habrían cortado el rollo: está penalizado vender tabaco a menores, ya ves. Y por cierto: la nueva ley del tabaco es restrictiva con el consumo, ya lo creo, hasta el punto de que hay muchos lugares en que está penalizado fumar. No me parece mal en algunos casos, aunque creo que se han pasado cuatro pueblos; tanto que hasta dicen que Zapatero no respeta su propia ley en el trabajo cohibas, supongo-.
En fin, que me evaporo. Dices respecto de la despenalización: implica solamente aceptar que una persona comete un error (de juventud, de desesperación, de ignorancia, de seguidismo de ciertas modas, el que sea) que le ata de por vida a algo y que esa condena es bastante injusta. Todos la hemos cagado en algo en la vida pero no suelen ser cosas que te pesen toda tu puta vida. En este caso, que si que lo es, veo necesaria cierta compasión. Además, repito que creo que es algo que le quitaría el atractivo de la rebeldía, aunque reconozco que esto es una opinión personal y que puedo perfectamente estar muy equivocado. Para algo hay expertos en el tema que aconseja a quienes legislan, y desde luego no soy yo uno de ellos.
He quitado a propósito la referencia que hablas de la despenalización del consumo. Pero fíjate que no entiendo por qué no eres capaz de proponer lo mismo referido a la posible despenalización de todo manejo, consumo y tráfico de drogas. Imagina que a mi hijo lo pillan vendiendo pastillas de última generación -malas, mu malas- a sus compañeros de clase. Él ha ido a buscar al representante de zona del camello mayor y, simplemente, hace de intermediario -sin ánimo de demasiado lucro- entre dicho distribuidor y los consumidores finales, que son sus compañeros de patio. A ver qué cara se le iba a quedar si viene la pasma y le dice que él se va a un centro de menores unos añitos, mientras que sus colegas, tan puestos como él, quedan para ir a jugar al fútbol al salir de clase, yante las pivas, esa misma tarde. Si quieres me largas un discurso que contarle, por si las moscas mi hijo me sale rana y acaba pagando el pato de ese modo. Es que yo no sabría cómo explicarle que él sí apechuga con la pena y los demás no, salvo como una clara y sangrante esdrujulez progre. No veo la forma, no la veo, auqnue tú sí debes de verla, me temo.
Me alegro un montón de que no estés por la labor de despenalizar cualquier cosa. Y perdona si habías mencionado lo de Tierno como una solemne imbecilidad. Meneos mal, macho, eso me da aún esperanzas de llegar a algo contigo.
Respecto a quienes caen en la droga, no vale que el estado quiera atenderlos, cuando son ellos mismos los que se mantienen al margen de todo, engañando a todos, empezando por ellos mismos. Forman un mundo aparte, incapaz de integrarse en nada que no sea su ruleta suicida, y desde el punto de vista represivo, naturalmente que forman también un colectivo peculiar, que necesita de un tratamiento también peculiar, adaptado a su problemática. (Perdón por esta última frase que tanto dice sin decir nada, pues hasta a mí a veces se me escapan palabras huecas como las vuestras).
Por cierto, yo también he visto morir amigos cercanos, que pagaron muy caro su aventura de, a veces, unos pocos y adolescentes meses con la droga dura.
Esa referencia a lo cristiano como fuente de vampiros chupasangre de inocentes, te ha quedado muy bien, sobre todo teniendo en cuenta que ahí, en la lucha contra las drogas, el sida y demás, la Iglesia, a través de no pocas de sus organizaciones, hace una gran labor a cambio de nada -insultos de algunos, si cabe-. Se te ve le plumero, la hornadez vuelta y vuelta-, so progre.
Y vale ya de pedir disculpas en plan llorón, hombre, que yo hace tiempo que he renunciado a pedírtelas. Creo que es así mejor, pues a mí tus constantes y monótonos insultos me dejan como si na. Yo también te creo honrado con mi presencia, y te reconozco que jode que a uno lo cataloguen simplonamente. En eso tengo una gran experiencia.
Hi, Iván.
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