LNA RIP
(Me encanta esto de empezar traduciendo el título de la entrada, aunque reconozco que podría haber puesto simplemente "Adiós a 'La noche americana'" y se entendía mejor... LNA, La Noche Americana era -era, en efecto- un programa en Cuatro de Juan Carlos Ortega, un late-nite peculiar y sabroso, que se emitía -ya no, claro, de ahí el tiempo verbal- la noche de los viernes. RIP no hace falta explicar qué esconde...)(Otro inciso: es lunes y el pensamiento queda espeso, así que me comento en cada momento... Esto de "la media de la cadena" es algo curioso. Antena 3 fue la primera en usar la guillotina para largar de su parrilla cualquier cosa que diera una audiencia por debajo, no dejando siquiera un mínimo de tiempo para ir consiguiendo que el personal se enterara del programa -acaso por los zappings- y por los comentarios en los medios de comunicación. No es la única, porque a esa moda se han ido apuntando todas: en algunos casos te largan a otro horario temporalmente, un horario que suelen dar por perdido a priori, con lo cual acaban confirmando su predicción, que el programa no engancha; en otros, o después de ese peregrinaje, te lo cortan sin más. Y a lo que iba en este paréntesis: ¿no se dan cuenta de que la media de audiencia de una cadena ha de tener necesariamente programas que estén por debajo, así como programas que estén por encima, salvo que consigan el paranormal éxito de tener todos los programas con idéntica audiencia? Cierto: si uno escoge como criterio de corte el cargarse los programas que quedan por debajo de la media, el efecto inmediato sería aumentar esa media. Pero, claro, quedan huecos en la programación que hay que rellenar. Y para ello tendrán que meter otras ofertas, de las que cabe esperar que unas caigan por encima y otras por debajo -o más bien, casi siempre por debajo, dada la saturación de la oferta y la inercia del televidente a pasarse a la novedad sin más... No digo nada, si uno mezcla la pseudociencia de las audiencias con la más elemental estadística, queda claro que un programa nuevo, sin más, tiene las de perder, salvo que se consiga ese -imponderable- éxito a primera vista. Los programadores de tv, que tienen mucho de pseudociencia pseudopsicológica pseudoeconomística -y perdón por el pseudotérmino- pero poco de estadística, lejos de asumir que una parrilla puede -más bien debe- contener algunos espacios por debajo de la media de audiencias, aunque solo sea por eso del prestigio, se dedican a pensar que pueden engañar a las fórmulas matemáticas tan sencillas como demoledoras que dictan lo que es un valor promedio. País.)
Tengo cierta habilidad -aparte de para crear alambicados párrafos como el anterior- de meter la pata de manera sonora. Una y mil veces. Suelo preguntar por la pareja a quien se acaba de separar, por el embarazo a quien perdió el feto, por la salud de un familiar que siempre resulta que acaba de morir. Por ello, asumo mi cuota de épicos momentos tierra trágame con una cara un poco de cartón, un elusivo "si es que no somos nadie" y el esperado efecto del interlocutor de quedarse pasmado ante lo inoportuno de mi comentario dura los segundos necesarios para darme a la fuga. Por correo electrónico es más difícil, digo, evadirse de repente.
Cuento lo anterior porque, como habrán podido sospechar, me decidí el pasado jueves a escribirle a Juan Carlos Ortega, el responsable de LNA, para felicitarle por el programa, con un poco de retraso porque esas cosas se hacen tras el primer programa. Yo esperé a verme los cinco primeros para sacar un momentito y mandarle el emilio. Que le llegó, claro, casi a la vez que se emitía el último, el sexto. Porque la cadena había decidido desprenderse del programa. Juan Carlos, que es hombre de humor inteligente -el único que es verdadero humor- ha sabido agradecerme el comentario post mortem con mucho donaire. Y yo quedé así obligado a decir "si es que no somos nadie" y, por ende, a reconocerlo públicamente en la pecera.
Todo lo anterior implica que me gustaba LNA. Y es cierto. Un programa de entrevista a un personaje no es algo nuevo en televisión, ni siquiera cuando lo lleva un humorista tan peculiar como Ortega. Sin embargo, la inclusión continua de elementos que eran una reflexión sobre los programas de televisión, las audiencias y las entrevistas a los personajes, creaba una referencia -autorreferencia- realmente sabrosa. ¿Algo así como la meta-televisión? Pues digamos que por ahí andaba.
En las diferentes entregas, que deberían quedar por ahí en los Tubos y demás repositorios de vídeos por Internet, para alimento de los fans que necesariamente deberían comenzar a congregarse y convertir cuanto antes a LNA en un programa de culto (espero con esta anotación aportar mi granito de arena), se crearon algunos momentos de imposible televisivo realmente notables. Apunto algunos a vuelapluma:
- En el último programa, Juan Carlos Ortega increpa al público porque siempre se acude a lo que piensa el público para determinar si algo se puede o no hacer, o si funciona o no en tv. Entonces Ortega les suelta: a ver, público, ¿vosotros qué leches sabéis hacer? Y el público se levanta y canta la Oda a la Alegría de Schiller con música de Beethoven. Ahí es ná.
- Siguiendo la moda casi obligada de que todos los programas tienen un fondo musical, LNA hacía lo mismo, pero con música clásica. Por supuesto, llamaba mucho más la atención que la habitual muzak inane del resto de los programas.
- Entrevistando a Carmen Sevilla, Ortega quiso hacer una prueba de si desnudándose podía conseguir más audiencia. Por ello, en un minuto, hizo unas preguntas (todas sobre dios y las creencias de la entrevistada) vestido. Luego, se desnudó de cintura para arriba y repitió las preguntas a ver qué pasaba. Por supuesto, Carmen Sevilla se vio obligada a decir algo así como: pero quiyo, ¿cómo quieres que te hable yo de dios si estás aquí desnudo? (vídeo)
- La noche que tenía a Luis del Olmo como invitado creó momentos geniales. Por ejemplo, poner en una pecera de metacrilato a una señora de Cáceres que a lo largo del programa diría más veces "Buenos días España" que las que ha dicho Luis del Olmo a lo largo de sus más de 9.000 programas de radio.
- Lo del beso en la boca al entrevistado podría haberse convertido en una marca de la casa que fue arriesgada desde el comienzo, con un beso entre José María Íñigo y Juan Carlos Ortega que sólo fue superado con el acoso al Cordobés que se marcó en el siguiente programa... Y la presencia de un sexólogo que explicaba cómo se hace un beso, en fin, esos momentos Ortega que siempre son increíbles.
- Por supuesto, Olimpia Fernández, una mujer encantadora y con mucho criterio, era algo genial -y lo seguirá siendo siempre. Ortega había encontrado un contrapunto muy dentro de sus personajes imposibles que tenía ya en sus colaboraciones en Crónicas Marcianas. Por supuesto, no faltaban las llamadas de oyentes creadas por Ortega y que definieron su inconfundible estilo hace años ya en la radio.
- La misma idea de hacer un falso directo desde Nueva York, incluyendo una interacción con la calle, con los desplazamientos de Olimpia, era algo genial. Pocas veces se han atrevido a hacer algo así en este país. (Y visto lo que les pasa a quienes transgreden, imagino que tardará tiempo en repetirse).
- Como se lee en la web del programa:
La filosofía del programaEn el capítulo de críticas, por supuesto que LNA era mejorable en muchas de sus cosas, esas que necesitan de unos cuantos programas para ir corrigiendo detalles, mantener más el ritmo, que el presentador se sienta más cómodo y menos nervioso. Pero queda tonto apuntar nada en ese sentido porque tampoco tiene remedio.
La Noche Americana surge como una hipérbole de la televisión actual, caricaturizando sus formas y sus intenciones, sin centrarse en parodias costumbristas ni, sobre todo, en burlas humillantes a miembros de la especie humana. Tal vez la principal novedad televisiva de La Noche Americana es que no habrá ningún remoto atisbo de monólogo humorístico, por muy difícil que resulte imaginárselo.
La filosofía del espacio es muy difícil de definir. El propio Ortega confiesa: "No haré humor surrealista, ni humor trasgresor, ni muchísimo menos humor inteligente. Tampoco me pronunciaré sobre la guerra de Irak, ni haré bromas sobre George Bush. Lo juro. La Noche Americana será, simplemente, el programa más caro que jamás se haya emitido en la historia de la televisión en nuestro país".
La manía de las televisiones de matar casi cualquier intento de salirse de las normas parece demasiado asentada como para que cosas así se mantengan. Salvo, claro, que la cadena apueste más por mantener esa disidencia. No soy un asiduo espectador televisivo, pero me da la sensación de que actualmente sólo la Sexta se atreve (quizás porque realmente tienen menos que perder, dada su baja audiencia) con mantener programas que consiguen, poco a poco, ir estabilizando su propuesta. Me refiero, por ejemplo al Intermedio de Wyoming, o a Sé lo que hicisteis la semana pasada, en el que se demuestra que se puede hacer un programa sobre vísceras famosillas sin llegar al encefalograma plano o a convertirse en Tele 5.
Voy cerrando. Me dio pena que se acabara el otro viernes LNA, aunque estoy convencido de que Juan Carlos Ortega seguirá sorprendiéndonos. Lo mismo un día los programadores de televisión le dejan respirar un poco para hacerse el hueco que ciertamente merece. Lo más inmoral, claro, es que esa misma cadena sigue manteniendo y encumbrando a un sujeto como I.J. en su C.M. lleno de mentiras, autobombo y basura (y es que si no lo digo, reviento. Y los dejo en iniciales, como en las crónicas de sucesos. No sin hacerme eco del gran debate nacional que se avecina acerca del cambio de look del presentador-comandante de la nave del misterio, que al fin y al cabo es lo más interesante o llamativo del bodrio.)
Nota final: el programa tenía su foro y todo, aunque tampoco es que se hayan quejado demasiado de la pérdida.