Armentia Y La Homeopatía
Se publicaba ayer en Diario de Noticias una carta en contestación a mi artículo del jueves (Curanderos en la universidad en su versión de esta pecera) cuyo contenido copio, por aquello de que me la han dedicado:Armentia y la homeopatía
Antonio Elizalde Ruiz
Acaba de venir Holga a decirme, tras leer su artículo Curanderos en la universidad, que el Armentia vuelve a la carga. Ella le llama el Armentia, igual que a la alcaldesa le llama la Barcina..., aunque en este caso sin desdén, así que sospecho que en el fondo le cae incluso bien. Y a mí también. Suelo estar de acuerdo con muchas de sus apreciaciones, pero reconozco que cada vez que escribe sobre homeopatía, se me hincha un poco la vena.
Ya en una carta anterior les comentamos que tanto mi gata como yo hemos asistido en más de una ocasión a la consulta de un homeópata. Y a ambos nos ha ido bien, motivo por el cual nos molestan las constantes diatribas del columnista en contra de la homeopatía. ¿Curanderos, dice? Nuestro homeópata, como la gran mayoría, es licenciado en Medicina. Un médico de mente abierta y lo suficientemente humilde como para admitir que la medicina de principios del siglo XXI, al igual que el resto de las ciencias, no está en disposición de explicarlo todo.
Ciertamente no se conoce el mecanismo por el cual dosis infinitesimales de ciertas sustancias, teóricamente insuficientes para provocar reacción alguna, son capaces de curar. Pero el caso es que curan. Y no se trata de un efecto placebo, puesto que la homeopatía funciona también en bebés e incluso en animales. Lo corrobora la experiencia de médicos homeópatas y pacientes. Y eso, la experiencia, el conocimiento empírico, también es ciencia, señor Armentia.
Sí, Holga, sí. Me insiste para que comente aquello que ya comenté en aquella carta anterior, el caso de los indios norteamericanos que mascaban corteza de sauce para combatir el dolor de muelas. Ellos no sabían que dicha corteza contiene ácido salicílico (que precisamente viene de salix, nombre latino del sauce), ni conocían el modo en que el ácido salicílico actúa sobre el organismo. Sólo sabían que masticándola se aliviaban ciertas dolencias y, como no eran tontos, la masticaban sin ningún rubor. Luego llegó la Bayer, llamó aspirina al invento y se forró. Pero ésa es otra historia.
Mi gata y yo creemos que eso de perseguir la superchería, el curanderismo y los remedios milagro está muy bien. Pero también creemos que cuando uno se obsesiona corre el riesgo de convertirse en martillo de herejes, condenando a la hoguera no sólo a auténticos herejes, sino también a aquellos buenos cristianos que únicamente tienen una visión diferente de las cosas.
Nosotros, por nuestra parte, seguiremos confiando en la homeopatía, y desconfiando de agujeros negros, enanas blancas, corrimientos al rojo, inflaciones cósmicas, antimaterias y todas esas cosas tan raras que ni nosotros ni nadie ha visto nunca, pero que Javier Armentia está empeñado en hacernos creer que existen.
Y aquí mi contestación:
Contesto encantado a Holga, la gata, y a su dueño, el Sr. Elizalde Ruiz, que me reconvenían en esta sección el pasado domingo por mi crítica a la homeopatía y, más concretamente, a que se presente de forma sesgada -promocional- en una de nuestras universidades. Me gustaría comentarles que los licenciados en medicina que no son homeópatas también tienen mente abierta y son "lo suficientemente humildes", no vaya a creerse algún despistado que sólo quienes profesan la fe en el agua bendita homeopática tienen esas cualidades, que al fin y al cabo la ciencia médica nació precisamente y ha progresado gracias a la humilde y abierta investigación científica.
Sobre el "argumento" de que la homeopatía funciona más que el placebo porque "funciona también en bebés e incluso en animales", habría que incorporar un hecho innegable, que corroborará Holga: los animales tienen dueños, y los bebés, progenitores. Y unos y otros veterinarios y médicos. Y ellos, la parte adulta del asunto, son los que perciben esa cura milagrosa tras tomar una medicina que (hasta los homeópatas lo reconocerán) no tiene en absoluto ni una sola molécula del principio activo. En los humanos adultos, donde se puede medir mejor y más directamente el proceso curativo, por el contrario, las abundantes publicaciones demuestran que la homeopatía es indistinguible del placebo, al menos cuando la comprobación clínica es de calidad y se publica en revistas científicas. ¿Además, por qué le niega usted a su Holga la eficacia de un placebo? ¿No la ve más contenta cuando le dedica atención que cuando la ignora? Pues eso.
Y dígale a Holga, Sr. Elizalde, que la historia de los indios norteamericanos y la corteza de sauce poco tiene que ver con la homeopatía. Sólo si contara que aquellos indios cogían la corteza del árbol, la pasaban por agua, y esa agua la mezclaban con el agua de todos los océanos del mundo, cientos de millones de veces, sólo entonces, si bebían ese agua y se curaban, lo habrían hecho homeopáticamente. El resto es, como suele pasar, agua de borrajas.