Sentencia Contra Gámez
Hace unos días, al volver de México, me encontré con que se había dictado sentencia (perdonen -no hablo desde la corrección jurídica, así que por favor siéntanse libres de corregir los sin duda abundantes errores en terminología...) en un juicio contra Luis Alfonso Gámez, con quien he compartido y comparto una larga trayectoria de trabajo por el escepticismo, el pensamiento crítico y también el periodismo de ciencia. La demanda la había plantado Juan José Benítez, el autor de la conocida serie Caballo de Troya (ya saben, la que comenzaba copiando largos párrafos de aquel libro revelado de mercachifles postmormones pasados al contactismo extraterrestre llamado Urantia) y de profesión sus misterios, convertidos en documentales y libros donde abundan los errores, mal documentados, que tergiversan la realidad y otras muchas andanzas en el mundo de lo paranormal, de los platillos y todo eso. Venerado como uno de los Padres de la Ufología Española (PUFO-E), lo que dice mucho de este tipo de paternidades y sobre todo de esa ocupación anticientífica de convertir en publicación cualquier investigación -perdón, himbestigación- de chichinabo, vendiendo humo y recogiendo aclamación de un público mal informado, poco crítico y sorprendentemente poco amante siquiera de la ortografía y la gramática (es que el lector/espectador de estos productos pseudocientíficos tiene además que tragarse cada barbaridad...)¿La razón? Según la demanda presentada, existían en varios artículos de Magonia, la bitácora de Gámez (algunos de los que se encuentrane en la categoría Vendedores de misterios / Juan José Benítez), expresiones insultantes, que hacían menoscabo en el honor del demandante. Amparándose en la protección del honor (ay, tema eterno en la propia literatura castellana, y uno no puede sino acudir a aquello de que el honor es patrimonio del alma etcétera...) pedía Benítez no sólo que se retiraran esas expresiones, sino que se borrara de un plumazo todos esos artículos críticos -y bien documentados- que exponían cómo aquella serie Planeta Encantado, por ejemplo, contenía numerosos errores, interpretaciones nada acordes con lo científico, lo histórico o lo simplemente lógico, y, además, unos cuantos engaños que parecían deliberados, como eso de colar por "vídeo inédito" de unos astronautas del Apolo XI en la Luna lo que era una animación creada en Irún; o vender como de origen desconocido-pero-probablemente-extraterrestre un anillo con inscripción de Ies y Oes y ... ¡marca de platero! (lo que implicaría algo impresionante: la ley de la plata extraterrestre se cuña como se hace en la Tierra, por lo que habría que empezar a sospechar si la historia de la platería y orfebrería, que tanto tuvo siglos ha de alquimia, sería otra prueba de la larga presencia ET en este mundo, algo que Benítez proclama con argumentos de similar -falta de- calidad). Etcétera...
En junio de 2006 la abogada del Sr. Benítez se había puesto en contacto con El Correo Digital SLU, la empresa donde reside Magonia, "para defenderse de los graves ataques" que se hacían ahí, a pesar de que en ese escrito se reconocía que el novelador está completamente acostumbrado a recibir fuertes críticas ("que asume siempre respetuosamente, como debe hacer cualquier persona que expone esu persona u obra a la opinión pública"). Hago mención de esta hilarante afirmación porque todos conocen bien cómo se despacha Benítez con sus críticos. Recuerdo ahora lo que contestaba Benítez en una entrevista hace tiempo en El Semanal (un comentario más amplio ya lo dejé por aquí: Benítez, Demuéstralo). Miren qué poco insultante o injurioso era él:
Mis detractores suelen hacer más ruido que mis lectores, porque son fanáticos. No están bien informados. Se trata de intoxicadores profesionales, gente pagada por los servicios de inteligencia o tontos útiles. Y lo puedo demostrar"Por supuesto, aunque esto lo dijo en diciembre de 2004, no ha podido demostrar ni que seamos fanáticos, ni intoxicadores profesionales, ni tontos útiles, ni que estemos pagados "por los servicios de inteligencia". Unos años antes, en un programa de RNE, se había despachado contra quienes nos oponíamos al desvarío de colar un curso de ovnis con Von Däniken de estrella entre el programa de cursos de verano de El Escorial que organiza la Universidad Complutense de Madrid, diciendo en antena "son unos malnacidos o están pagados por algún servicio de inteligencia". Igualmente, durante los mismos cursos, había movido Roma con Santiago en un periódico nacional contra una redactora que se había atrevido a poner, en la crónica del curso, un espacio dedicado a la crítica de los escépticos. Y así hasta ciento: lo que da una buena idea de lo que entiende Benítez por asumir respetuosamente.
La carta hacía referencia explícita de unas cuantas afirmaciones de Gámez, calificándolas de ataques al honor. Hacía mención también a una grave acusación de plagio porque en Magonia se había recordado todo el asunto del plagio urantiano, "que podría por sí sola constituir un delito de calumnias". Malamente, porque esa acusación simplemente recogía un hecho ya publicado en la revista Interviú (en uno de esos artículos incluso el editor Fernando Lara reconocía que Benítez había copiado páginas de Urantia, pero que no cabía hablar de plagio porque era un libro revelado, toma gracejo...) Gámez sólo recogía las informaciones, donde los otros autores demostraban la similitud de amplios fragmentos del texto, y se hacía eco del libro "El secreto de Urantia", publicado por Antonio Ribera y Jesús Beorlegui en 1988, donde se aportaban abundantes pruebas del plagio. Poca calumnia había en ello... También se recogía otra acusación supuestamente infundiosa, la de "montaje", sobre el asunto del infamoso/infame vídeo lunar de mentirijillas que colocó como "vídeo inédito" en su serie para TVE Planeta Encantado. ¿Pero no era claramente un montaje?
A pesar de que el autor de los textos y la empresa acordaron modificar en la bitácora las frases explicitadas por el escrito de la abogada de Benítez, ésta procedió a demandar a Gámez y a El Correo Digital, demanda de juicio ordinario que fue admitida a trámite en octubre del año pasado. Era una demanda de juicio civil sobre derechos fundamentales (derecho al honor y la fama, ya lo comentábamos). En el escrito de la demanda, se hacía una vez más mención a la ejemplar valía de Juan José Benítez que había "padecido resignadamente" todo tipo de críticas, y que nunca había -hasta entonces- emprendido acciones legales contra ningún crítico. Desde luego lo primero sabemos que no es cierto. Y de lo segundo, lo ignoro...
En esa demanda, se solicitaba que se actuara en contra de estas ofensas, (según Benítez, él llevaba ya 30 años soportando constantes perturbaciones por parte de Gámez, un punto interesante que, por lo que veo, no tuvo posterior discusión...), no sólo con la retirada de los textos ofensivos -al completo-, porque la demanda pretendía que el medio digital, la empresa que mantiene el medio, fuera declarada responsable también de todo ello. Que se insertara públicamente, además, la información de la sentencia condenatoria, que se pagaran las costas y que, de paso, se indemnizara económicamente a quien había decidido emprender la acción, en una importante cantidad. La cantidad demanadada que repararía los daños se estimaba entonces en 50.000 euros, un quantum merit que quedaba a la espera de saber si podían sacar 1 euro por cada visita a una de las páginas donde se hablaba de Benítez en Magonia. En el caso de que tales mediciones de audiencia existieran.
¿Por qué J.J. Benítez demandó a Gámez y al periódico en el que escribe en vez de hacer la demanda a otro (por ejemplo, a mí, que ando escribiendo también con cierto desapego por la corrección política de las andanzas de este fabulador profesional)? Personalmente, creo que precisamente por ese carácter de que Luis Alfonso es periodista y su bitácora está en las de El Correo Digital. Quería pinchar donde más se viera, notoriedad posiblemente que siempre viene bien. Y, de paso, solicitar así un montón de dinero que habría mostrado para decir a todos: mira lo que les saco a esos mamarrachos que se atreven a decir nada de mí. A ver quién se atreve a levantarme la voz. Algo así, me imagino, aunque, evidentemente, no puedo probarlo, así que tómenselo como opinión personal. Si le daba un buen palo a El Correo, la publicidad estaría asegurada...
Lo que pasa es que eso no ha funcionado: si algo ha quedado claro en la sentencia dictada el 12 de junio de 2007 por el Juzgado de Primera Instancia Nº5 de Getxo, es que el periódico no estaba implicado, y que tampoco se podría alegar un daño que implicara las cuantiosas sumas que pedía: primero 50.000 y luego, durante la vista, 80.000 euros. No habrá que publicar nada ni retirar unos artículos que eran muy válidos -y muy valientes-, de los cuales, además, y antes de que hubiera proceso judicial, ya el autor y los responsables de la página habían ya antes eliminado todas las afirmaciones consideradas por el demandante como insultantes. Los artículos críticos, afortunadamente, siguen ahí, y Benítez, que dio publicidad de la sentencia en su página web y que ha sido coreada (poco) por el habitual conventillo de magufos que cuando conviene se declaran amiguísimos y deudores del PUFO-E y cuando no miran a otro lado, no ha encontrado ese despliegue en los medios que ni siquiera han recogido el asunto (hasta la fecha...).
Por mi parte, ni consideraba entonces los calificativos de Gámez como injuriosos ni vejatorios ni los sigo considerando, por más que la sentencia sí lo haya hecho, al menos parcialmente. Dice el texto de la sentencia que "no cabe duda que algunos de los contenidos a los que la demanda se refiere integran un ataque al honor del demandante, pues se extralimitan de lo que es el derecho de información o la libertad de expresión, al tener un sentido injurioso y vejatorio atentatorio al honor".
Hay que concluir -dice la sentencia- que las expresiones contenidas en los artículos del Sr. Gámez consistentes apelativos tales como que Juan José Benítez es un estafador, que no dice más que sandeces, un iluminado, que basa su negocio en la mentira, el engaño al público, la tergiversación y sus sucios manejos, siendo su obra y sus programas televisivos una bazofia (...) exceden de los límites aceptables del derecho a la libertad de expresión de su autor y que afectan o pueden afectar muy negativamente, sobre todo si se prolongan en el tiempo y en un medio de comunicación de gran difusión, como es el caso, a la dignidad del Sr. Benítez, fama, buen nombre, prestigio y credibilidad profesional.Bueno, lo cierto es que en Magonia no aparecían así en una sola frase todos juntos. Pero cuando uno dice sandeces, y Benítez lo ha hecho con dedicación durante años, si se dice no se hace sino constatar los hechos. ¿Es una injuria llamar mentiroso a quien miente, cuando en el mismo artículo se exponen las mentiras? No estamos hablando aquí de un calificativo que sea otra cosa que descriptivo de un tipo de actividad en la que Benítez ha reincidido una y otra vez. Son falsedades y faltas a la verdad, como se puede ver en los artículos de Gámez y en muchos otros que se han escrito y se seguirán escribiendo sobre las afirmaciones de Benítez. ¿Ofende el honor de la persona recordar que la copia de otro libro fue presentada como creación propia y publicada como tal, algo de lo que ya se habían escrito artículos abundantemente -en Interviú, por ejemplo, así como aquel libro de Ribera y Beorlegui-? ¿Es ofensa llamar a eso plagio, como el castellano indica que ha de llamarse a esa actividad?
Si uno se creyera las alegaciones que en el juicio presentó la acusación, poco o mal podríamos emplear nuestra lengua para calificar acciones, actitudes y personajes. A pesar del fallo, que espero de verdad sea reconsiderado, sigo convencido de que a menudo conviene llamar a las cosas por su nombre. Firmé en su momento una Carta Abierta a RTVE sobre la serie Planeta Encantado, de Benítez, puesta -y repuesta- en la televisión pública española. En él, los numerosos firmantes afirmábamos:
Los abajo firmantes criticamos profundamente la decisión de RTVE de financiar y emitir a través de la Primera la serie de programas “documentales” Planeta Encantado, dirigidos por el escritor Juan José Benítez. El producto, cuyo coste se estima en unos ocho millones de euros intenta presentar como hipótesis válidas o como realidades lo que desde un punto de vista histórico y científico son únicamente leyendas, cuando no burdas falsedades. Los temas tratados en los programas emitidos hasta ahora se han centrado en misterios que lo son solamente en la mente del creador de este cúmulo de despropósitos al que se ha pretendido dar la pátina de divulgación científica. En los distintos espacios, Benítez ilustra sus peregrinas teorías acerca de una humanidad que convivió con los dinosaurios cuando hay una diferencia temporal de sesenta y cinco millones de años entre los lagartos terribles y las personas; del “enigma” de los moais de la isla de Pascua cuando las investigaciones arqueológicas han demostrado que la talla y transporte de estos monumentos tenía poco de extraño y mucho de actividad humana. Extractamos sólo dos ejemplos sobre muchos posibles, que moverían –y mueven- a la risa si no fuera porque han sido pagados del bolsillo de todos los ciudadanos de este país. Vaya por delante que respetamos profundamente el derecho que el señor Benítez tiene de creer o no creer en lo que estime oportuno, pero resulta inaceptable que intente propalar un cúmulo de vulgares supercherías con dinero público.El criterio de la sentencia podría hacernos creer erróneamente que en ese párrafo se atenta al honor de Benítez. Realmente el atentado era a los derechos de todos los españoles, y se vulneraba explícitamente el Estatuto de RTVE vigente entonces... Pero, claro, eso parece poco importante. ¿Vendrá ahora J.J. a querellarse contra todos los firmantes?
No nos engañemos: ningún juez ha fallado contra la crítica a Benítez, que sigue ahí y sigue tan contundente en sus datos como palmarias resultan sus falsedades (las de Benítez). Ninguna sentencia va a hacer que nos callemos, y dejemos de calificar como tonto al que dice o hace tonterías, mentiroso al que dice mentiras, falsario al que engaña deliberadamente. Al menos yo no me voy a callar, y seguiré denunciando lo denunciable, exponiendo las mentiras como tales, de Benítez y de quien venga a cantarnos las mañanas de lo paranormal.
Poco he leído sobre la sentencia en las listas y publicaciones magufas estos días. Algunos amigos me han comentado que gente como Manuel Carballal o Bruno Cardeñosa -e incluso el siempre hilarante Pedro Amorós- ya han hecho suyo el triunfo... Nada que no fuera esperable, por más que lo que digan tampoco sea cierto. Vamos, lo de siempre. En el juicio celebrado, fui llamado por la defensa de Luis Alfonso Gámez para corroborar que en los ambientes científicos las afirmaciones de Benítez no tenían acomodo, ni existía ápice de ciencia en sus afirmaciones, ni como tal honor alguno por ahí pudiera haber sido dañado. La abogada de Benítez me tachaba, por el contrario, de alguien que lleva años de animadversión, un enemigo de Benítez... que no lo soy. Recuerdo hace más de 10 años, en una jornada auspiciada en A Coruña por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo sobre platillos volantes, que fue él quien se negó a darme la mano, y quien pretendía despreciar mis argumentos diciendo que yo no era nadie. Ni aun así consiguió Benítez que fuera yo más que un adversario intelectual, alguien que simplemente anota afirmaciones y busca las evidencias que puedan apoyarlas, sin encontrar, en el caso del novelador navarro, nunca nada de nada. Ya había pasado unos años antes, en el 92, en un curso de verano de El Escorial, en el que J.J. Benítez quiso recibir el espaldarazo de una universidad y una comunidad académica que, afortunadamente, no cayó del todo en el error. No suelo visitar la página web oficial de Benítez, pero hace tiempo por ahí colocaba un montón de infundios sobre sus críticos que, imagino, ahí siguen. La abogada rescató algunos textos de esta pecera, en los que, en su opinión, aparecían frases no menos vejatorias e insultantes que las de Magonia (algo que, por cierto, reconoció la fiscal también...), aunque no sé muy bien qué quería demostrar, salvo que la crítica a Benítez no está monopolizada por Gámez, lo que hacía aún un poco más absurdo este juicio contra él. O un poco más evidente, como comentaba más arriba.
Si algo demuestra todo este proceso, es el talante (comperdón) tan diferente de quien novela y fabula y miente y quien critica el desatino. Los unos, estos, hemos estado siempre aquí, defendiendo con los datos y las pruebas lo que afirmamos. Quizá usando un lenguaje a veces exaltado, en otras ocasiones con escasa corrección política. Pero desde luego, nunca se ha insultado gratuitamente, se ha llamado pan al pan y vino al vino. El otro -los otros, ya lo vemos y lo veremos-, con la impunidad que permite publicar en este país cualquier barbaridad en un medio de comunicación diciendo estupideces antihistóricas, anticientíficas o pseudocientíficas, sin que nadie te pida responsabilidad por ello. Los unos, reanalizando nuestra posición crítica siempre y en cada momento, el otro -los otros- repitiendo y copiando una y otra vez lo mismo. Sin buscar la verdad, sino confirmando sus tesis ya vendidas.
Así andan las cosas. Desde aquí quiero mandarle un abrazo a Luis Alfonso Gámez, y quiero públicamente además solidarizarme y autoinculparme también de opinar lo que él opina y demuestra, sólo que él escribe mejor y más documentadamente. Como además hemos disentido también con idéntico ardor, se puede entender que este abrazo no es simple peloteo o caridad, sino reivindicación de un papel necesario: el de expresar una opinión crítica a quienes nos venden los misterios paranormales. Y creo que todos quienes defendemos el pensamiento crítico estamos en las mismas. Me entristece que se haya considerado más importante un presunto honor que nunca fue mancillado por esas afirmaciones -y en todo caso mucho menos que lo qué el mismo había dañado al ser pillado copiando, en mentira o disfrazando realidades- y que supone, de quedar así, una cierta lesión al derecho de crítica y al de libertad de expresión.
PD: una forma de encontrar mis escritos de la pecera en los que menciono a Benítez es usar la opción site en Google.