El Homófobo Número ... ¿Cuál Vamos? (Sois Legión, Esparza, Sois Legión...)
Sea José Javier Esparza, comentarista en los diarios de Vocento (y otros sindicados) de televisión, donde suele tocar a rebato de sus pasiones (fachosas y demás, qué le vamos a hacer, es gente con tribuna y dice lo que le viene en gana: la verdadera responsabilidad es de los diarios que le publican, no lo olvidemos, que avalan así sus excentricidades). Y sea un diario digital bastante poco recomendable, el Manifiesto: vean por ejemplo, lo que nos cuenta el Amo del Calabozo de sus barbaridades en pro del Diseño Inteligente, o léase su apuesta por el estúpido y falso escepticismo del 11-M, vendiendo ese vídeo lleno de medias verdades y falsedades enteras que dice que un avión no pudo impactar contra el Pentágono -por cierto (gracias Julius por hacerme saber de él), un interesante vídeo en You Tube poniendo las cosas claras sobre el vuelo 77 ese-.Y sea un artículo firmado por Esparza y titulado "El enojoso caso del juez Ferrín (el de la lesbiana)", que es el que podemos leer -agárrense y háganlo con calma- para descubrir al homófobo (sin más) que hace afirmaciones basadas en sus prejuicios. La tesis del artículo es que el juez Ferrín (ya hablamos por aquí del juez este y el caso "de la lesbiana") perdía en las formas, pero tenía razón en el fondo. Que se pasaba en sus afirmaciones. Para Esparza, sin embargo, la crítica había sido intencionalmente alimentada por un lobby gay del que hablan mucho los ultras españoles (ya saben, creemos el enemigo para que parezcan más malos). Y esa crítica era sesgada porque no recogía la verdad del auto. Lo cierto es que en el auto decía el juez Ferrín muchas más barbaridades que las que se transcribieron normalmente en la prensa, acusando poco más o menos a cualquier homosexual de un comportamiento desordenado y rayano en lo delictivo... aunque de esto Esparza, el gran tribuno, parece no acordarse o no quiere reconocerlo. En el fondo, según Esparza, está bien que se le retire la custodia de la hija a una mujer que convive con otra. Leamos a Esparza que no tiene desperdicio (me corrijo, que su desperdicio es realmente demostrativo de su homofobia):
El fondo de la cuestiónYa ven la colección de falacias que nos regala Esparza. Desde luego, ese "lobby" no existe como tal: he leído sobre el tema comentarios de mucha gente en medios muy diferentes y con pensamientos habitualmente muy diferentes. El mismo CGPJ ha determinado que el juez se excedía en sus apreciaciones e incurría en falta por la cual ha sido expedientado (aunque no retirado del servicio, cosa que sería bastante lógica habida cuenta del currículo del juez, y más para un juzgado de familia). Convierte además una crítica razonable, a la pretensión de justificar que un homosexual puede perder derechos frente a un heterosexual por el hecho de serlo -no sustentada desde luego en nuestro derecho-, en poco menos que una mordaza a cualquiera que disienta. Pero no es cierto. Si en este país ser homófobo no está penado y se permite alegremente (léase cualquier declaración de la Iglesia Católica, que con toda impunidad... etcétera...). Su mismo artículo es muestra de que en este país se puede decir cualquier barbaridad homófoba y ni "resulta arriesgado" ni "temerario"... Que no se ponga la tirita antes de la herida, el Sr. Esparza. Pero no pretenda además quedar libre de la crítica simplemente por ello.
Tal y como el lobby gay ha planteado el asunto, se diría que el gran delito de Ferrín es haber fallado en contra de “uno de los suyos”. Es la circunstancia de haber denegado un derecho a una homosexual lo que le convierte automáticamente en culpable, reaccionario, homófobo, etc. Se va creando así una atmósfera francamente irrespirable, en la que nadie podrá exteriorizar la menor disidencia respecto a nada que remotamente suene a “gay”, so riesgo de verse inmediatamente condenado a los infiernos de la exclusión pública. De momento, el lobby gay ya ha conseguido que el mero hecho de cuestionar sus posiciones resulte arriesgado y, en ciertos ambientes, incluso temerario.
Pero lo verdaderamente lamentable de la polémica es que el debate social de fondo queda sepultado. Aquí hay una cuestión trascendental que resulta bastante fácil enunciar y que se reduce a lo siguiente: ¿Es mejor para un menor vivir en una pareja homosexual o en una pareja heterosexual? La respuesta a esa pregunta no ofrece dudas para nadie que se acerque al asunto con un mínimo rigor. Para un menor se considera mejor vivir con una pareja heterosexual por dos razones muy sólidas y que, además, no tienen nada que ver con la “orientación sexual” de los progenitores.
Otra falacia interesante es ese uso del "no ofrece dudas para nadie que se acerque al asunto con un mínimo rigor". La típica: sólo los míos valen, lo que digan los demás, es que no tiene ni rigor ni información ni ná de ná. Pues no, como veremos, más bien sucede al contrario: la respuesta a si es mejor para un menor vivir en una pareja homosexual o en una pareja heterosexual, no es en ningún modo el fondo del asunto, y es una pregunta cargada, falsa. Podríamos reformularla: ¿es mejor que un menor conviva con su madre y su pareja o que no pueda hacerlo simplemente porque un juez encuentra que la pareja de la madre es inadecuada por sus prejuicios religiosos? Esa sí es la cuestión del caso. Y en temas de familia, con quién convivirá el menor es cuestión que se resuelve con la mejor intención por parte de los magistrados para asegurar el bien del menor, que es el sujeto que más protección necesita precisamente.
La pregunta debería ser, en el fondo, si para el menor convivir en una familia homosexual es PEOR que cualquier otra opción posible. Por ser homosexual, precisamente, quiero decir. Y ahí es donde el pseudoargumentario de Esparza, como el de otros homófobos que en el mundo han sido (y son) falla a las claras. Ya hablamos del tema por aquí hace tiempo, respondiendo a un artículo pretencioso de La Razón (véase: La Razón Atenta Contra La Razón), pero conviene recuperar temas, que siguen pendientes en esta sociedad.
Así que según Esparza, la convivencia de un menor es mejor en una familia heterosexual por razones poderosas. Lo gracioso es que, en el artículo citado, el autor se atreve a exponerlas... o al menos lo intenta. Veamos.
La primera razón
La primera razón es esta: una pareja heterosexual –un hombre y una mujer- representa plenamente el patrón antropológico de reproducción social. El género humano se compone de hombres y mujeres, que son dos sexos distintos. Una formación psicológica completa requiere que el (o la) menor entienda, vea, viva esa diferencia fundamental. Es obvio que eso sólo se adquiere en el seno de una familia compuesta por un hombre y una mujer.Lejos de agradecer esta clase de primaria de fundamentalismo, hay que denunciar este tipo de apriorismo que no se basan en absoluto en la realidad. Ningún estudio ha detectado que los niños que vienen de familias monoparentales tengan desventaja social (lejos ya la petulancia de pensar que psicológica) frente a las biparentales-heterosexuales. Una sociedad rica en figuras sociales como la nuestra permite que cualquier menor sea expuesto a muchos y muy diferentes papeles -más o menos "masculinos" o más o menos "femeninos" (y ello sin entrar en la por cierto necesaria lección cero para esta panda de cavernícolas... la de los papeles que implícitamente ellos asignan a las personas según su sexo, ya saben, aquello de la antropología bíblica que clamaban los curitas vaticanos desde hace años.... en fin, lo de siempre). Ningún estudio a lo largo de la historia descubrió que los hijos de viudos o viudas eran personas de menor valía o capacidad psicológica que los de familias con papá y mamá vivos y coleando. Por el contrario, existen amplios estudios que muestran que las disfunciones en la vida de pareja de los progenitores sí afectan: separaciones, maltratos y otras situaciones de desestructuración familiar son causa de importantes problemas en la formación de la personalidad y en la adaptación social de esos menores. Y en ellos, que se sepa, no hay una variable adicional independiente relevante que tenga que ver con si la pareja es del mismo sexo o de sexos distintos. En definitiva. Ese "patrón antropológico" que pretenden Esparza y otros homófobos es un cuento chino.
Y la segunda razón
La segunda razón es esta otra: universalmente se considera que un menor vive mejor en una familia estable que en otra inestable; ahora bien, las posibilidades de inestabilidad son más altas en una pareja homosexual que en otra heterosexual, y sobre eso hay estudios sociológicos y estadísticos a manta; por consiguiente, puesto un juez en la tesitura de optar por un tipo u otro de pareja, considerará que hay más posibilidades de estabilidad afectiva para el menor si vive con una pareja heterosexual.
Cierto: la estabilidad de la pareja es un factor importante. Pero olvidamos que en países esencialmente divorcistas desde hace años, en comparación con otros donde el divorcio está prohibido (como parte de la América católica, Irlanda o Polonia, etcétera) no hay un factor diferencial que demuestre que los menores de los primeros países vivan "peor" que los de los segundos. Se trata, por lo tanto, de efectos relativos a la desestructuración familiar, más que a la inestabilidad -me refiero como entendida a la permitida por el Estado. Yendo un poco a la filosofía del asunto: podemos en efecto estar de acuerdo de que un menor vivirá mejor en una familia en que los progenitores se quieren que en una en la que se odian. Ahora bien, ¿qué tiene que ver esto con la opción sexual? Nada, por lo que se ve, salvo los prejuicios de Esparza y los demás homófobos con tribuna o tribunal. ¿Y con la "estabilidad" promedio de las parejas homosexuales frente a las heterosexuales? Tampoco. Dejando aparte, además, que este dato demográfico depende del país, y depende sobre todo de una situación de hecho: la presión social sobre parejas homosexuales (debida en parte a la desigualdad social que convierte a estas en grupos minorizados o en minorías con menor acceso a los derechos ciudadanos, sustentada a menudo en discursos homófobos como el que tratamos) puede ser, precisamente, la causa de esa inestabilidad. No hay línea de tiempo suficiente para detectar si realmente un ambiente social tolerante con estos temas permite una mayor estabilidad a las parejas que "se salen de las normas"... Aunque estudios hay que muestran cómo, en situaciones análogas, era la presión social sobre la pareja interracial, por ejemplo, en los EEUU de los años 60, uno de los factores principales en la duración promedio de esos matrimonios. En las zonas y en los momentos en que ese racismo está menos presente, la estabilidad de las parejas heterorraciales era indistinguible de las monorraciales.
Esparza, como otros homófobos, pretende mantener una situación de presión contra los homosexuales que, en cierto modo, permita que su profecía de inestabilidad se cumpla. Deber ciudadano de todos (y todas, obvio -y pido perdón por ello- hacerlo notar en este texto rápido), es evitar que consigan tal barbaridad.
Resulta especialmente patético que el propio Esparza, tras este ejercicio de homofobia, pretenda, en el último párrafo de su artículo, apelar a conciencias sociales, a un menor individualismo y a criterios de racionalidad en las decisiones sobre esos temas. Precisamente él, que ya tiene delito...