50 Años
Publicado en Diario de NoticiasMilenio, Jueves, 4 de octubre de 2007
Hoy hace cincuenta años cambió el mundo. Aunque la noticia no llegó por aquí hasta el día siguiente, y aunque la trascendencia no se viera hasta incluso años después, con la llegada del Apolo 11 a la Luna (algunos siguen sin verla, incluso...). La Sputnik-1 se ponía en órbita alrededor de la Tierra, el primer satélite artificial. Una bola metálica de poco más de medio metro de diámetro (una réplica a tamaño natural pueden verla colgando en la exposición del Planetario de Pamplona que conmemora este medio siglo) que emitía un bip-bip (¿bip-bip?) que fue captado por radioaficionados de todo el mundo. El triunfo de uno de los bloques que en aquella Guerra Fría crearon la carrera espacial para demostrar públicamente su poderío tecnológico. Los dos bloques también creaban armas nucleares cada vez más destructivas. E iban extendiéndose las garras de los imperios en ese tablero de juego en que ya se había convertido el mundo.
Mirando el mundo desde lo alto, Sputnik demostraba que se podía subir allí arriba, y comenzar una Era Espacial de la que ahora somos habitantes. Aunque seguimos anclados a la superficie de la Tierra, estamos ya acostumbrados a vernos desde fuera, a contemplar las imágenes de satélite que nos muestran no sólo el tiempo meteorológico, sino incluso el tejado de nuestras casas; a navegar por las carreteras con sistemas de posicionamiento también por satélite; a recibir la televisión con las antenas que apuntan a otros satélites. Sin embargo, seguimos sin darnos cuenta de que somos todos tripulantes de la misma nave, empeñados en cerrarnos cada vez más a los vecinos, poniendo los muros de las fronteras cada vez más altos y quieriendo, siempre que podemos, pavonearnos de que somos más ricos, más estupendos, más avanzados que cualquiera de los que nos rodean. De eso, claro está, el Sputnik nunca tuvo culpa alguna.