Cosas De La Política
Llega un partido al poder y se pone a remplazar todos los cargos que quiere, y en general hasta nos parece lógico y normal que así lo hagan... quizá porque no analizamos hasta dónde llegan esas cosas de "los cargos de confianza". En general, el mecanismo es que si el cargo anterior estaba ocupado por una persona que había sido colocada allí por ser afín al partido, pues ese se cambia ipso facto. En otros casos, el cargo tiene definido una forma de elección conforme al peso político del parlamento, ayuntamiento o entidad que sea. Parece razonable que en estos casos pueda pensarse, por parte de los partidos, que todo es perfectamente lícito y normal. Que siempre se ha hecho así y hasta que es conveniente que se haga así, especialmente en cargos que tienen que desarrollar determinadas políticas dictadas desde ese poder...Siempre he pensado que en muchos casos, sin embargo, se acude a esa proporcionalidad o a esa designación de confianza con demasiada ligereza, en especial en posiciones que tienen un carácter técnico o específico, que aconseja alejar del juego partidista el funcionamiento de ese organismo cuya cabeza salta de elección en elección. Y sólo por criterios de eficiencia: a menudo el recién llegado tardará mucho en enterarse siquiera de qué es lo que tiene que hacer, creando en los técnicos y administrativos a su cargo el habitual desasosiego y frustración.
Todos entendemos, sin embargo, que hay otros cargos en toda la escala que nunca deberán ser ocupados "a dedo", y aunque las leyes nos protegen de la natural tendencia de cada partido en el poder a sustituir incluso a los bedeles con personas del partido o familiares de alguno de llos, lo cierto es que hay una gran indefinición. Una malvada indefinición en muchas escalas.
Por ejemplo, pensemos en un museo de ciencia. Los museos de ciencia tienen normalmente -salvo pocos casos- plantillas muy técnicas, no demasiado grandes, que son competentes equipos de trabajo. A su cabeza, las personas encargadas de ser directores o jefes técnicos han sido, habitualmente, seleccionadas en un proceso abierto, en el que -cabe pensar- se buscó la idoneidad y la excelencia. Como me refiero a colegas míos, puedo asegurar que no hablo desde ningún tipo de corporativismo, y aseguro también que esa idoneidad y excelencia existe en el panorama español sin tacha de duda.
Viene todo esto a cuento de una noticia que me ha golpeado hoy, que CanariasAhora.es titula:
El PP destituye a Jacinto Quevedo de la dirección del Museo de la CienciaEn la noticia se nos cuenta que Jacinto Quevedo, que era hasta hoy director del Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología de Las Palmas de Gran Canaria ha sido destituído de su cargo porque la fundación de que depende el museo ha cambiado la composición de los miembros, incorporando a cargos políticos del PP y a otros designados por su amistad con el PP. Jacinto, matemático, profesor, hombre que creó y montó el museo y que ha creado un equipo de trabajo capaz de hacer cosas muy interesantes, y sobre todo de conseguir que la oferta cultural de Gran Canaria tuviera también su granito de ciencia, sale así disparado. En su lugar colocan a otro profesional de los museos, Fernando Pérez, que hasta hace poco dirigía la Cueva Pintada de Gáldar. Desde luego, no un museo científico, ni un centro interactivo, sino un sitio arqueológico. Ello por supuesto no quita calificación al nuevo director.
El problema es que Jacinto Quevedo no estaba en su cargo por simple afinidad o seguidismo político. Es más, en los 7 años que lleva abierto el museo, e incluso antes, Jacinto ha ido luchando por llevar adelante el proyecto a pesar de los políticos en el poder, específicamente enfrentándose -con muy buenas razones- a un sujeto que sigue incomprensiblemente muy arriba en la política canaria, José Manuel Soria. Cuando Soria era presidente del cabildo insular, intentó parar la construcción del museo de ciencia para montar un casino, algo contra lo que protestamos muchos responsables de museos de ciencia. Afortunadamente, se reconsideró esa amenaza y el museo pudo abrirse. Años después, como contábamos por esta pecera (aquí y aquí), pretendió cerrar un museo con 150.000 visitantes anuales para instalar "una pinacoteca de autores canarios". La argumentación de Soria era impresionante, según se leía en un diario local: "Para el presidente del Cabildo, la falta de resultados del centro se debe, a su entender, a que Gran Canaria no es un referente en materia de ciencia por lo que quienes acuden a la isla no buscan un lugar dedicado a esta disciplina." ¿Qué resultados? Realmente el Elder es el museo más visitado de la isla, y un referente no sólo para el público, sino también para el mundo escolar...
Soria se ha cobrado su víctima, y lo ha hecho ahora que no está directamente implicado, cuando puede -pocas dudas caben- usar la influencia y la coacción que ha ido marcando su política a lo largo de muchos años, aprovechando directamente la excusa de que con el cambio de mayorías, saltan los directores.
Es indigno, es vergonzante. Lo más triste es que en ningún momento se ha cuestionado que la línea de trabajo o los resultados del museo fueran inadecuados, en ningún momento se ha hecho seguidismo político en ese centro... y lo terrible es que la forma en que se ha producido el cambio de dirección no permite pensar que esto no sea así en el futuro.
Pero así son las cosas: espero que no quede impune, y no sólo por Jacinto Quevedo, sino por tantos y tantas que en cargos de gestión dependientes de la administración pública han estado siempre aparte del compadreo de los partidos, de las necesidades de lamerles el culo a los políticos que llegan al mando y suelen tener la veleidad de creerse los dueños de todo.
No es el primer caso que se está dando tras las pasadas elecciones, pero sí el primero que ha llegado a convertirse en realidad. Malos tiempos nos acechan, me temo.
Mientras tanto, a Jacinto Quevedo se le debe mucho, porque el museo en Las Palmas es, afortunadamente, una realidad eficiente, necesaria, gracias a él.