La Generación PISA
Nota: en efecto, volvemos al tema, pero este artículo iba ya diseñado para el Diario de Noticias, en mi columna de los jueves, en la contraportada, titulada MilenioJueves, 6 de diciembre de 2007
El informe que evalúa el conocimiento de los chavales de 15 años en un montón de países, incluyendo España, ese llamado “PISA”, va y viene estos días, como cada tres años, como un brote agudo que dura menos de una semana y luego desaparece, permitiendo que más o menos todos puedan hablar del suspenso, o aprobado raspado, de lo mal que va la educación, de lo terribles que son los adolescentes tan incapaces de comprender lo que leen, llegando también a protestar del profesorado, del desinterés de las administraciones que hacen política de la educación más que políticas educativas, y también -aunque menos- de los propios padres que, en este país, consideran que la educación de sus hijos no es cosa suya (sólo el 15% opina que sí es cosa principalmente suya, según las encuestas). Y cuando llega el comparar comunidades autónomas, muchos otros se fijarán en que los vecinos aún lo llevan peor. O harán en clave política lecturas bastante más trasnochadas, pura incapacidad de comprensión de la lectura.
A lo más, ante lo claro del panorama que presenta un estudio como este, uno puede echarse las manos a la cabeza y concluir: “es que todo esto es muy complicado”. Ciertamente, no somos Finlandia, ni se ha pensado aquí aún en la importancia de conseguir que las futuras Generaciones PISA sean menos iletradas que los Padres-PISA, los profesores-PISA o los Políticos-PISA. No apetece pensar en que si este informe se hubiera hecho también desde mucho antes del 2000, se habría ido constatando que las diferentes generaciones (incluso aquellas generaciones sobradamente preparadas, las Y o las X, y muchachadas aún más pretéritas) fueron ya acumulando el vacío intelectual que configuraba una sociedad banal y poco crítica. Leo a Gabriel Sala en su “Panfleto contra la estupidez contemporánea” (Editorial Laetoli) y confirmo con él en que esto no es sino el resultado esperado del entontecimiento que llevan programando desde hace más de veinte años. Mal que nos pise.