Público Un Artículo
Y es que sale hoy en Público, en su sección de opinión Dominio Público, un artículo que me han solicitado sobre las luces y sombras del Año de la Ciencia. Me hace ilusión: 212 articulistas han pasado delante mío en esa tribuna, pero para mí ha sido todo un estreno.Ah, el artículo en sí se titula "Un año de la ciencia tuerto (y cojo y casi mudo)", que, ahora al verlo publicado en el papel, me parece un poco políticamente incorrecto con las personas discapacitadas. No con el año, que al fin y al cabo, casi era ciego, parapléjico y mudo del todo...
Unos párrafos para abrir boca:
En pleno debate sobre el Estado de la Nación del 6 de junio de 2006, el presidente Rodríguez Zapatero decidió introducir una resolución instando la celebración en 2007 del "Año de la Ciencia". Esos días celebrábamos en el Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología de Las Palmas de Gran Canaria la reunión anual de responsables de los museos de ciencia y planetarios españoles. Debatíamos, como siempre, la necesidad de que se apueste socialmente por la ciencia, de lo mucho que queda por hacer, de lo difícil que es mover un sistema que nunca ha conseguido dar ni un solo paso firme. Por supuesto, vimos con ilusión esa idea, y públicamente nos ofrecimos desde ese primer momento a colaborar, aunque sabiendo que algo que se impulsa con tan poca antelación y con ninguna preparación difícilmente iba a conseguir sus fines. Posteriormente vino la declaración oficial por parte del Gobierno, la decisión de que la iniciativa fuera coordinada por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología, que precisamente tiene entre sus objetivos la difusión de la ciencia entre la población, y muchas reuniones en las que diferentes expertos fueron (fuimos, pues participé también en ellas) aportando ideas de lo que debería hacerse, y la mejor forma de hacerlo.
Pero incluso antes de que ya en enero de este año se hiciera público el inicio oficial del "Año de la Ciencia 2007", se veía que, una vez más, las cosas se iban a hacer tarde, a menudo apuradas, incluso mal, y que los objetivos iban a quedar menguados. No éramos Casandras especialmente iluminadas, porque para entonces ya se sabía que el presupuesto (en total 7 millones de euros) no iba a permitir casi ni publicidad ni muchos fastos, ni grandes ni pequeños. En cualquier caso, la difusión de la ciencia y la tecnología nunca ha tenido apenas dinero (en 2006 el Programa Nacional para el Fomento de la Cultura Científica dispuso de 4 millones de euros para subvencionar acciones a lo largo de todo el año, lo que no llega ni al 1% del presupuesto en ciencia) y en los últimos años, cada vez más instituciones estaban apostando en nuestro país por dar a conocer la ciencia, principalmente en esas Semanas de la Ciencia de noviembre. Y más que un año de celebraciones (¿qué celebrar realmente, el enorme desapego con estos temas de políticos y sociedad en general?), podría esta ser una oportunidad para echar a andar, y crear estructuras que permitieran al año siguiente seguir andando.
Ahora, cerrando el 2007, está claro que aunque voluntaristas, a pesar de una gran cantidad de trabajo realizado, el Año de la Ciencia ha pasado de puntillas, sin llegar a ser noticia y que, por más que se haya deseado, seguimos sin tener una ciencia en sociedad como necesitamos. Y ello a pesar de que hay signos interesantes: