Va A Haber Sangre
De nuevo, esa manía de cambiar los titulos originales me resulta incomprensible. "Pozos de ambición" y en Hispanoamérica "Petróleo sangriento" son las formas en que hablaremos de la versión en castellano de There Will Be Blood ("Correrá la sangre", "Habrá sangre", incluso "Va a haber sangre" por darle un poco de aire). Es de los peliculones de verdad, de esas sagas de cine clásico, como me comentaba el crítico y sin embargo amigo Martin Pawley esta mañana. Leo en IMDB que el título provisional era "¡Petróleo!", que en Italia la han llamado "El petrolero", y "Sangre negra" en Brasil. Impresionante variedad en el atentado. Creo que la última vez que expresé mi cabreo sobre el particular fue con motivo de "Lujuria, prudencia" de Ang Lee. Pues lo mismo: comprendo que las distribuidoras tienen todo el derecho de hacer lo que les venga en gana, no sólo con el título sino de hecho con casi todo. Sorprende que tan valedores de los derechos de autor (en lo que a cobrar se refiere) ni las propietarias de los derechos de una obra fílmica ni las empresas de gestión y usura del tema expresen su preocupación por la patente vulneración del título de una obra. Que es algo, uno supone, que se puso por alguna razón y con algún sentido... Como esa costumbre (¿penalizable?) de olvidar poner el elenco del doblaje de la película, como si eso no fuera un trabajo de autor. Estamos acostumbrados a seguir la tira de los créditos mirando cómo figura allí hasta el que le compraba los cigarrillos a la actriz principal y luego se olvidan habitualmente de reconocer quién leches ha puesto la voz a cada uno. Como si fuera poco... y luego dicen que en este país el doblaje es estupendo. Anónimo sí. Lo otro...Dejémoslo. Lo cierto es que le debía al Pawley un agradecimiento público por llamarme esta mañana y animarme a ir al cine (con un domingo en plan vago total, de lectura y escritura y otros placeres domésticos -sí, esos también-) para no dejar pasar otro día sin ver la película de Paul Thomas Anderson. La tenía apuntada en la lista de obligaciones, lo que pasa es que el viernes pasado nos fuimos a ver otra sangrienta historia, el musical "Sweeney Todd" de Tim Burton. (Es injusto -pero lo haré- dejar entre paréntesis mi recomendación completa y rendida de que no se la pierdan, incluso aunque no les gusten los musicales, porque es lo más siniestro y divertido que uno puede imaginar en el cine últimamente... y también a pesar de que Burton haya decidido echar una competición, medida en litros, con Tarantino y otros amantes de las arterias disparando alocadamente chorros de sangre por doquier. Ya dejaba ayer por los comentarios a otra historia de esta pecera mi pequeño homenaje al "Have a little priest", que es simplemente magistral. Ya en el musical original, pero también en esta recreación victoriano-gótico-timburtiana). Se lo debía a Pawley, y me lo debía a mí: a pesar de que casi seguro en esto no coincidirá conmigo el crítico, PTA está en mi lista de directores obligatorios desde "Boogie Nights", y soy de los que cayó rendido ante "Magnolia" -en efecto, soy de esos que no considera que sea un pestiño, sino una magistral película de vidas paralelas.
En "There will be blood" PTA crea un dramón que te tiene pegado a la butaca (y no era un chicle, aunque podía haberlo sido, cuánto guarro considera obligatorio dejar sus mierdas en las salas de cine, aymé) de cabo a rabo. Y eso que sagas épicas en torno al mundo del petróleo las ha tenido Jolibú bien señeras. Esta abre una nueva etapa para recobrar esas películas que diseccionan una época a la vez que las actitudes humanas, y a la vez que un paisaje, que tanto me han gustado siempre. Y que tan escasas resultan hoy en día. La música de Jonny Greenwood, además, resalta como pocas bandas sonoras he visto en los últimos tiempos cada escena, llegando a crear un estado de desasosiego que te hace sentir hasta el calor del fuego que sale del pozo en llamas, o que a tí también se te ha descalabrado la pierna en la caída. No me imaginaba yo que el guitarra de Radiohead (vale, lo confieso, otro grupo de los que soy incondicional - de paso, les recomiendo ver el vídeo especial para fin de año en Escocia que hicieron, casi una hora de Radiohead en estado puro, Scotch Mist) tenía esa vis de música culta clásica y contemporánea. Lo borda. Percusiones que glosan la violencia primitiva de la historia, el piano y el juego con las Ondas Martenot hablan de algo esencial, básico, terrible también como la historia que estamos viendo. Y los glisandos de las cuerdas, que uno no oía cosas así desde las partituras de Herrman. En un entorno orquestal tan potente que sólo las imágenes de esta película pueden soportar sin perderse. (En Amazon pueden escuchar unos cuantos fragmentos).
Hasta Daniel Day-Lewis está genial, y mira que me cae gordo. Su sobreactuación en la escena final (no se preocupen, no desvelo nada) es hasta creíble y necesaria visto lo que pasa. Por su parte, el lider de la iglesia de la Tercera Revelación, creado por Paul Dano, se le hace a uno odioso desde su primera aparición con cara de angelito. ¿Se nota que me ha encantado? Pues no diré nada más. Cine de ese del que es difícil ver, perdido en el star-system y en las superproducciones sin guión. Aquí lo tenemos todo, lo que siempre nos seguirá moviendo a pagar una pasta a pesar de tener que sentarte en una butaca incómoda y sucia y verte rodeado del olor y el sonido de las palomitas.
Dejo para el final, hablando de sangre, la recomendación del artículo de Martin Pawley, en su columna mensual La noche del cazador para Libro de Notas, Correrá la sangre (nueva), que enmarca históricamente este movimiento de películas un tanto sangrientas... Y otra recomendación, "No es país para viejos", de los Coen, que me encantó -y también está llena de sangre. Lo cierto es que son poquísimas las temporadas a lo largo del año en las que uno tiene varias películas buenas para elegir. Da hasta agobio, porque el resto del año esto es un secarral espantoso.
Y ya vale de hablar de cine.