¿Cómo Elegir Los Cinco? (BC002)
Como labor para el día, intento reducir a 5 los cigarrillos diarios. ¿Cuáles seleccionar? Como tantos otros fumadores, el primero de la mañana es fundamental. Pero también lo es el último de la noche (aunque algunas noches excesivas, quizá fuera mejor el penúltimo, lo que planteó siempre un problema: ¿cómo reconocer el anterior al último, ese que era el bueno y el otro ya era uno de sobra?). Casi todos los que suponen el final de una comida, el café. ¿Y ese de después ...? O el de mientras borras los comentarios del troll. El del frío de la mañana en la cara. El del mediodía en la rampa del planetario, con un rayo de sol que ilumina el parque donde críos con abuelos pasan el rato. Ese de media tarde, con el libro entre las manos completamente transportado allá donde el novelista haya querido llevarte.Y además, como todo fumador, he tenido cigarrillos con nombre cotidiano, asociados a momentos que se llenaban, en cierta forma, con el humo de fumárselo. El de salir del cine es uno típico, que sabía diferente según te había sentado la película. El de llegar de viaje y bajarte del avión o del tren, y encontrarte con la ciudad al aroma del cigarrillo. El de ese momento de agobio en el que la columna no avanza, el artículo está colgado, o te has perdido en un dédalo de referencias cruzadas y no sabes cómo salir de allí, que te permitía justo ese pequeño destello necesario para recomenzar la marcha. El de haber terminado de dar una conferencia, tras responder a las preguntas y saludar a unas y otros. El de ver el mar de nuevo, tras semanas o meses que no lo hacías, y oler el aire intenso. El de estar en medio de un bosque, o en el monte, con el aire purísimo, donde casi encender un cigarro parece una violación. Esos te gustaron más que ningunos. Y otros y muchos más.
Por supuesto, algunos fueron parte de la historia, con su nombre propio. Recuerdo uno a más de 5.000 metros de altitud, tras llegar al collado de la Cordillera Real y antes de precipitarnos Andes abajo por los yungas a lo largo de dos días. Allí arriba, casi sin poder andar, con un viento de mil pares de demonios, prendiste un cigarrillo. Era como ganar al absurdo de una atmósfera que se hace liviana y poco respirable. El que me fumé el día que acepté venirme a vivir a Pamplona y trabajar en el proyecto de un planetario. El de aquel olivar despues de una sesión de amor intenso al olor de la sierra, los perros ladraban a lo lejos en algun cortijo. Muchos otros que quedan en la memoria, pero ¿quién sabe qué otros habrían de venir en el futuro?
Y hay que quedarse con cinco. Cinco para hoy, otros cinco para cada día hasta el domingo por la noche, justo a las 12 de la noche con el cambio de día, cuando prenderás el último de tu vida. Quiero decir, cuando prenderé el último de mi vida.
*Bupropion Chronicles #002