Lo dice con mucho sentido y dolor, Jaio la Espía. Y nos trae la palabra de Alberti a la memoria de luto:
Ahora sufro lo pobre, lo mezquino, lo triste,
lo desgraciado y muerto que tiene una garganta,
cuando desde el abismo de su idioma quisiera
gritar lo que no puede, por imposible, y calla.