De Nuclear Sí O No
1. Reconozco que tengo un sesgo antinuclear. No del todo irracional, pero sesgo al fin y al cabo. Uno ha vivido la época que ha vivido y Chernobyl nos marcó además a todos. Conozco a gente que tiene un sesgo pronuclear y no creo que ello les haga mejores o peores. Conviene asumir, pero sobre todo, reconocer, nuestros prejuicios. Sucede que en ese análisis de la sociedad del riesgo, lo nuclear tiene muchas variables. Y uno tiende a valorar más aquellos que concuerdan con sus posicionamiento. Por ejemplo, ¿qué valor se le da al tema de los residuos? Siendo un problema "para generaciones futuras" principalmente, hay quien lo valora como un problema temporar que sin duda será solucionado en un futuro tecnológicamente más avanzado y más responsables. Otros valoran este tipo de posicionamientos como inadecuados. Casi peor que el que siga siendo, aunque de otra forma, una energía fósil. Es decir, con fecha de caducidad, aunque sea muy muy en el futuro.2. En los últimos años, con la cuestión del cambio climático, se ha reinventado lo pronuclear convirtiéndose, con seriedad además, en una alternativa más ecológica que los combustibles fósiles que se queman. O percibida como tal: desde luego, la emisión de CO2 asociada a lo nuclear es bajísima en comparación con la de una central térmica. Por otro lado, dejar de depender de una fuente de energía tan especulativa como el petróleo puede ser conveniente para Europa (por ponernos geopolíticos y geoeconómicos, quiero decir). Cierto que lo nuclear puede ser menos especulativo en lo económico, pero mucho más sensible en lo político. Y ya sabes qué pasa entonces... Pero (y reconozco que este es otro sesgo mío) quizá estamos en un momento adecuado -la presión del cambio climático- para promover una nueva forma de relacionarnos con la energía, y me refiero a eso de la eficiencia, de la reducción del consumo. Es triste, por ejemplo, que la industria del automóvil haya dejado transcurrir más de treinta años para mejorar realmente la eficiencia de sus coches, simplemente porque no interesaba. Y aquí nos metemos en un complicado juego de equilibrios: las medidas que proponen "gastar menos" chocan, evidentemente, con los intereses de las empresas que venden energía que son, precisamente, las empresas que mayores beneficios han dado nunca en la historia humana. Si ahora se transmite que podemos disponer de una energía razonablemente segura y durable, y además no contaminante (menos contaminante, diríamos...), va a ser difícil que se frene el consumo, o se mantengan las políticas de racionalización. Los de siempre nos dicen que eso lo regulará el mercado, que al subir el precio de la energía se controla la demanda, pero es falso: el precio del petróleo no para de subir y el consumo sigue aumentando.
3. Ante quien blande Chernobyl como razonable miedo ante lo nuclear, los pronucleares blanden una historia en la que los accidentes han sido escasos, y una mejora de la tecnología que, indudablemente, presenta algo mejor ahora de lo que fuera hace treinta años. Nadie duda de ello. Pero no hay que ser Ulrich Beck para darse cuenta de que la percepción del riesgo necesita de algo más que palabras de confianza por parte de los tecnólogos (incluyendo la tecnología económica). La sociedad querría certidumbres, y como ni la ciencia ni la tecnología las proporcionan, hay que ver la manera en que transmitimos adecuadamente el trabajo por disminuir los riesgos, sopesar pros y contras y quedarnos con una elección racional y razonable. Y es evidente que, en esto, ayuda muy muy poco que los protocolos de seguridad de una central nuclear se incumplan sistemáticamente por parte de quienes, precisamente, están comprometidos a cumplirlos. ¿Cómo creernos que los sistemas de seguridad d lo nuclear son fiables si los mismos empleados los incumplen, provocando accidentes que se ocultan o minimizan? Lo de Ascó es doblemente delictivo: por lo que supone en sí de incumplimiento flagrante de una reglamentación que algunos ya ven demasiado laxa, pero también -y no es baladí- por la imagen que transmite de incompetencia, engaño y demás en un tema tan sensible.
4. Concluyendo: dejando aparte mi sesgo inicial, sigo encontrando razonables argumentaciones "de hoy" que indican que conviene no echar campanas al vuelo, ni ponernos a pedir que nos traigan nucleares para arreglar el futuro. Empecemos a ahorrar energía primero y, sobre todo, aseguremos que si lo nuclear es tan seguro como afirman sus partidarios constantemente, los sistemas de control establecidos se respeten evitándonos, además, que siempre acaben estas cosas en macabro sainete.
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