Pájaro De Mal Agüero
El Ministro no daba crédito. No bastaba con que le hubieran fastidiado las excursiones cinegéticas y montañeras de otoño, que le hubieran pasado el asunto del Prestige por las narices. Ya estaba harto, y había exigido a sus compañeros en el Gobierno (y sin embargo rivales) que se lo pusieran fácil. Que le dejaran un poco tranquilo. Pero ahora el AVE se le caía encima como otro muerto, y no sabía si esta vez iba a ser capaz de usar sus técnicas de acusa cuando te acusen, insulta por si acaso o la mejor, la que más había practicado: enmierda todo lo que puedas al oponente, a ver si le hundes y se calla, por lo menos.
...porque manda cojones que montamos todo el paripé del AVE hasta Lérida (o sea, Lleida como debería llamarse atendiendo a la ley, pero que les den...) con viajes inaugurales para quedar bien y de paso sacar unos votos en Aragón, que nos la tienen jurada con lo del trasvase del Ebro, para que todo quede mono y se vea cómo cumplimos de bien, que en mayo tenemos elecciones y hay que mantenerla -más con lo que está cayendo con lo de la guerra, lo del chapapote y demás- y, ¡la leche!, que si el tren no va a poder ir a la velocidad que debía ir, que si se nos caen los encofrados, que si las obras no se acaban o que si, para colmo, hasta la geología se nos conjura en contra y se nos forman socavones...
Así que acusaba, el Ministro, de sabotaje a los de siempre, a los sindicatos, a los izquierdosos, a la oposición; buscaba mientras tanto cabezas que cortar, pero todas estaban escondidas; intentaba consultar los oráculos del departamento de imagen para ver si ellos daban con la solución. Pero nada.
... y ahora me vienen los técnicos, los jodíos ingenieros, y dicen que todo esto estaba cantado, que los cargos de confianza son gilipollas (lo cierto es que en eso cuánta razón tienen, que tenemos que colocar siempre ahí a los mandados de turno, que llevaban años haciendo pasillo por las sedes del Partido y querían tajada, porque no había manera de que pasaran una oposición, por muy amañada que se la pusiéramos... bueno, casi como yo mismo). Que los técnicos no se quejan ni dicen nada que no queramos oir, porque se la montamos siempre, y así pasa que al final ni nos enteramos de nada...
El Ministro no daba crédito. Y empezaba a pensar que ya que el mar se había conjurado en su contra meses atrás y que ahora lo hacía la tierra, debería echar un vistazo al tema del transporte aéreo, no fuera a suceder algo horrible a mes y algo de las elecciones. Por lo pronto, no pensaba coger ni un avión.