Me Cago En La Puta / Semana Santa
Ya está. No puede uno estar en casa y descubrir que tenemos una programación que ni cuando era un crío y obligaban estos días a cerrar los cines porque se les había muerto uno de los dioses tres-en-uno. Aquella infancia grís y fría de las semanas santas en las que afortunadamente en nuestra familia aprovechaban mis padres para hacer turismo interior y conocer las Castillas, con lo que las procesiones que paralizaban las ciudades y convocaban a todas las fuerzas vivas a los sones del porrón porrón etcétera eran parte de una enseñanza cultural que podíamos ver como etnografía o antropología en vivo. Eso nos libró de tener que acudir a las procesiones vitorianas, a las que acudían los concejales y todo el ayuntamiento, los diputados a cortes y demás paladines de la democracia orgánica. En televisión, música clásica y procesiones, y las películas de siempre, con el impagable Quo Vadis, qué remedio.Pasó el tiempo y parece que llegaron otros tiempos, y hasta nos habíamos creído la ficción de que esto era otro país, que ya no se convertía la semana santa en el ordeno y mando del fraquismo bajo palio y todo eso. Y es cierto que ya no es eso, qué va: pero es peor. Ahora acabo de hacer un barrido con el mando por las tedetés y en uno de los canales estaban dando Quo Vadis. En otros, las procesiones de aquí y allá retransmitidas in living colour. En otro canal anuncian para dentro de un rato la pasión esa del fundamentalista Gibson. He mirado la cartelera, y creo que eso aún no lo han conseguido retrotraer: sigue habiendo cine. Pero aquí en Pamplona, la corporación municipal está de paseo con un tal Cristo de las 5 llagas, que en una historia ful y mentirosa de esas de beaterío, dicen que recuerda un milagro en tiempos de peste. Que la ciudad se salvó con estampitas del tal Cristo de perecer en la epidemia. Y una mierda, claro. Pero qué más da. Ahí van con dinero público, escoltados por la policía municipal, con los trajes carísimos de bonito que llevan los munícipes. Y a tocar los huevos, claro. Y en algunos casos más, con lacitos políticos, para que quede claro que lo de las procesiones era y sigue siendo eso, una demostración de poder, de Poder.
Como en los mejores tiempos. Como si no hubiera pasado nada entre medias y ahora sólo unos cuantos anticlericales lo miramos con horror. ¿O es que debemos por el contrario asumir que los nuevos tiempos son precisamente eso, quovadis y procesiones, lo clerical invadiendo la vida civil y asfixiándola como siempre quiere y sabe? Cagondiós qué mal rollito.