2009-04-11

Lecturas De Pascua: Puritanos

2009-04-11 · 13:11
Hace semanas que debía haber hecho alguna mención a uno de mis paseos diarios obligados, de uno de mis escritores favoritos (y de una de las personas más amables y encantadoras que conozco, además de un lector benévolo conmigo siempre). Se trata de Vivir de buena gana, el blog que finalmente Miguel Sánchez-Ostiz se ha animado a componer. El lo describe como:
OBRA EN MARCHA, cuaderno de campo, notas de lecturas, cosas vistas, hallazgos, tentativas, escolios al margen de otros trabajos, revuelta mesa de trabajo... Voces detrás de la escena.
Materia literaria, sin duda, materia con la que alimentar pensamientos vivos, vividos... sin duda vívidos. Ahora se ha vuelto a Bolivia y nos descubre Cochabamba y los vericuetos sociales y políticos de un país en ebullición. Pero él mira cómo el mundo se mueve siempre, sea en un mercadillo en Bayona, ante un documental en Pamplona...

En estos días de exaltación obscena de eso que llaman "sentimiento religioso" (a mí siempre me ha parecido obsesión sexual, lo que no es necesariamente malo, conste... pero ellos lo llevan tan mal), me he acordado de una pieza que compuso para Vivir de buena gana hace no mucho: Cuestión de puritanismo. Así comienza:
EL ser cicatero con las formas de disfrutar del prójimo me parece una actitud repulsiva. Cicatero, inquisidor, husmea sábanas, cata alientos, tanto da. Virtuosos por oficio los hay en todas partes. Dentro y fuera de las iglesias.
El corrosivo escritor norteamericano H. L. Mencken sostenía que el puritanismo consistía en el miedo aterrador de que alguien, en algún lugar, pueda ser feliz. Eso se puede leer en su Prontuario de la estupidez humana, que es de lo poco que se encuentra traducido en España. También decía, más contundente: "Mostradme un puritano y os mostraré un hijo de perra". Excesivo, por supuesto, por supuesto. Bertrand Russell, más comedido, en el capítulo que en La conquista de la felicidad dedica a la envidia, habla de manera muy sagaz de cómo la dicha ajena, modesta o en grandes dosis, suscita la malevolencia de aquel a quien no le queda más remedio que asistir a ese edificante espectáculo.
Sólo he dejado de copiar y pegar un párrafo, para que caigan por la bitácora, y descubran este y otros tesoros.

Navegaciones muy convenientes, lecturas de una pascua que huele demasiado a cristofascismo del de siempre.

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