No Nuke
Saludos desde Hiroshima. Ayer supe de las pruebas nucleares de Corea del Norte precisamente en el parque en memoria de la bomba atómica. En memoria de lo que perdió la humanidad el 6 de agosto de 1945, quiero decir. En memoria de la labor aún pendiente, como atestigua una llama encendida, de la eliminación de los arsenales nucleares. No fue una visita agradable y lo cierto es que contemplando la cúpula de hierro que sobrevivió cerca del hipocentro de la explosión, pero sobre todo visitando el museo que expone implacable el absurdo del poder atómico, estuve hora y pico con el corazón encogido y llorando por dentro. Y sigo así.Hay lugares que duelen, y este es uno, incluso en su belleza de hoy, incluso en su reivindicación, encuentra uno de repente un motivo para sentirse muy triste. Y enfadado con tu propia especie, con tu propio linaje, quizá porque sabes que hoy podría pasar algo así de nuevo, que no estamos vacunados y que es necesario renovar constantemente un compromiso contra la humanísima tendencia de destruir que tenemos. En Hiroshima constato como confesó aterrado Oppenheimer, que somos Shiva, destructora de mundos.
Es curioso, porque hace unos días hablaba en Kioto con un amigo japonés, Yoshi, a quien le resultaba curioso que en un viaje tan breve a Japón hubiéramos incluido una visita a Hiroshima. Él, de mi quinta, no conocía la ciudad. Le expliqué que hay lugares que uno tiene que visitar, aunque duelan, porque son parte de nuestra historia, porque el testimonio personal de oposición absoluta se renueva así, y que es preciso andar por esos escenarios del horror y compadecerse de nuestro sino. Una de las cosas más bellas de mi visita al parque de la bomba ayer fue que Yoshi nos acompañara, se había animado a pasarlo mal con nosotros, con sus amigos gaijins que vienen del otro lado del mundo a sentirse mal con la amenaza atómica, la guerra y la sinrazón tan calculada del mal de los humanos.
Eso, y Corea del Norte, empeñada en unirse al club de los destructores de mundos.

