Adiós, Pablo Antoñana
Pérdidas, con muerte. Ahora la del escritor Pablo Atoñana, posiblemente poco conocido -completamente desconocido- fuera de Navarra, algo injusto (injusticia en cualquier caso compartida por mucha gente periférica no sólo en lo geográfico y en muchos ámbitos aparte del de la literatura) ha muerto y es un vacío grande, quizá porque por estas tierras navarras no quedan demasiados que hayan hecho de su vida un compromiso con contar las historias independientemente de que gustaran a quienes detentan-etcétera... ya saben, los de siempre, los del biempensar... Pero Antoñana no solo era importante por esa faceta en cierto modo resistente sino porque era un narrador fino, intenso, de esos que te trasladan en tres frases al paisaje en donde él moverá los hilos de unas historias que siempre terminaban por ser la historia de gentes con demasiado peso de su historia, de sus prejuicios. Vamos, personas reales, incluso en ínsulas un poco imaginarias y forales.
Pero no puedo decir casi nada de él, más que le leía con curiosidad y aprendiendo del mucho oficio que siempre tuvo. Además, Miguel Sánchez-Ostiz ha escrito sobre esta muerte que le (nos) duele, y poco más cabe decirse, desde luego mejor tampoco: Estela de Pablo Antoñana.