COSMOS: El Falso Cráter De Letonia
Nueva entrada en la bitácora de El Mundo que dejo tal y como se publicó a mediodía:El cielo sobre nuestras cabezas letonasA lo largo del mediodía iban llegando cada vez noticias más raras, como que había riesgo de escape radiactivo (algo más bien impensable en un impacto cósmico). El cráter había sido hallado tras difundirse por la televisión las imágenes de un bólido llamativo (ese sí de las Táuridas que comentábamos). Un lector de la bitácora comentaba que probablemente no hay nada cósmico en el cráter, sino una explosión subterránea. Eso del resto caliente y humeante en el centro, es cierto, queda todo menos creíble.
No es habitual y por eso los medios de comunicación recogen la noticia del nuevo cráter provocado por un impacto cósmico. Uno pequeñito, que no provocará cambio climático ni extinciones masivas, como sucede cuando el objeto que impacta tiene un tamaño superior a varios kilómetros de lado. Aún así, un cráter de unos 20 metros de diámetro y 10 de profundidad no es poca cosa. Se estima que en promedio una vez al año sucede algo así. La probabilidad de impactos de cuerpos mayores es, evidentemente, menor, llegando a un promedio de 1 cada 200 millones de años para alguno de esos impactos causantes de extinciones masivas.
Si atendemos a los últimos bólidos avistados en España, el origen de este objeto podría ser un cometa, el Encke, responsable en estas semanas de otoño de estrellas fugaces y bólidos (la Red de Investigación sobre Bólidos y Meteoritos los enumera en su página). También en otros países se han recogido Táuridas muy luminosas (en este enlace de Space.com se ven filmaciones de la Universidad de Western Ontario). Podemos encontrar más información sobre estas lluvias meteóricas en las páginas de la Sociedad de Observadores de Meteoros y Cometas de España (SOMYCE). Esta corriente, cada año, produce estupendos bólidos y, aunque es simple conjetura, a veces impactos como el letón.
El tamaño de los restos cometarios que entran en nuestro planeta es muy variado, aunque los más abundantes son simples granos de polvo, que al volatilizarse en la alta atmósfera con la fricción (debido a la gran velocidad de entrada) producen una ionización de la atmósfera y una fluorescencia característica: lo que habitualmente conocemos como estrella fugaz. El Encke (que lleva el número 2 de los cometas periódicos, porque fue el primero descubierto tras el estudio de Edmund Halley y la vuelta de su cometa, en 1786) deja en su órbita alrededor del Sol muchos fragmentos, algunos más grandes, que se van quemando en la atmósfera produciendo trazas más persistentes que las fugaces, y que pueden llegar, en el caso de los bólidos, a verse durante un minuto, más brillantes que la Luna Llena. Este cometa debió fragmentarse hace unos 20.000 años y este fenómeno provocó numerosos fragmentos en muchas escalas que se han ido extendiendo principalmente por el efecto gravitatorio de Júpiter. Así que a lo largo de un amplio periodo de tiempo, la órbita de nuestro planeta atraviesa zonas con precursores de estos meteoros, en dos complejos (conocidos como "norte" y "sur") que producen estrellas fugaces y bólidos bien reconocibles. A las Táuridas se les ha responsabilizado, pura especulación que recogen sitios como la wikipedia en inglés, de ser causantes de pequeños cambios climáticos recientes, de disparar la imaginación de las gentes que hicieron los círculos de piedra de Stonehenge, del mito de la estrella de Belén, o incluso del desastre del creciente fértil mesopotámico al final de la Era del Bronce, cuando un impacto meteórico provocó una gran destrucción y caos. También pudo ser un fragmento del Encke el responsable de la última gran catástrofe por colisión de un cuerpo celeste, la célebre historia de Tunguska en 1908.
Así que ahí tenemos un nuevo cráter, y la constatación de que los temores del jefe de los irreductibles galos, Abraracurcix, no eran del todo imaginarios: a veces el cielo cae sobre nuestras cabezas. Las colecciones de cráteres de impacto que podemos contemplar por Internet lo demuestran (los curiosos pueden comprobar basntees de datos de impactos de este tipo aquí o aquí).
Al cabo de unas horas llegó la solución, como cuentan en Bad Astronomy: un fraude. Tras los análisis los geólogos de la Universidad de Tartu llegó la confirmación de que nada de impacto, que incluso había marcas de pala en el borde del cráter.
En la nueva versión del COSMOS aparece ahora:
ACTUALIZACIÓN: El cráter era falso falso. Lo comentaba un lector coleccionista de meteoritos en el foro, al poco de colocar la entrada, que los cráteres no son así. La confirmación ha venido de la mano de los geólogos de la Universidad de Tartu (Letonia): no es un cráter de impacto, sino que ha sido realizado con una excavadora.Actualización
Para colmo, las imágenes que ahora podemos ver en el YouTube muestran el fraude en plena acción:
Aunque la gente imagina que un meteorito cae como una bola ardiente, lo habitual es que lleguen helados a la superficie y salvo que provoquen una explosión enorme, a pesar de lo que nos cuente Hollywood, eso del fuego en el centro es la prueba más clara de que es un montaje.
La próxima vez prometemos mirarlo con más detenimiento.
La duda que quedaba era qué le hace a un tío montarse un cráter de 20 m de diámetro así a lo bestia... pero la explicación llegó por vía de la pasta de la publicidad de una empresa de telefonía (lo contaba El Mundo, donde habíamos comentado la noticia). Ya saben, eso del mercadeo vírico tan de moda, que llena el país de círculos anuncio, ovnis anuncio y demás estupideces-anuncio. La próxima espero que sea un aterrizaje de una nave en pleno Madrid, molaría ¿a que sí?