Excomunión
Señor, señor, ¿por qué se quejan ahora de la intromisión de los obispos en la política como si fuera algo nuevo? Lo llevan haciendo desde siempre, y especialmente en los últimos años. ¿O es que las manifestaciones políticas de los últimos 5 años promovidas por los más rancios sectores católicos de la sociedad española no eran amparadas por los obispos? No sé por qué hoy toca rasgarse las vestiduras contra lo que dijo el padre Camino sobre excomuniones, herejías y pecados mortales de la muerte, si es exactamente lo que llevan diciendo desde hace un cuarto de siglo con el aborto y unos dos mil años en general con todo lo que se les pone en la punta de sus religiosísimas... casullas.Lo que pasa es que los católicos son de natural levantiscos, y asumen que, como religión que fue de estado, uno puede comulgar en lo general con ella (y brindarle los dineros y la cabeza de tus hijos, manteniéndola como religión de los tránsitos públicos y sociales: el matrimonio, el nacimiento de los hijos, su entrada en la sociedad, su educación, la muerte...) y pasar de lo demás. O sea, comulgar ufano y confesarse y seguir usando condones. O acudir a terapias de fertilidad. O votar a partidos que no sean nazis y franquistas (que son los únicos que realmente, junto con la Cope e Intereconomía -que aún no se han presentado como opciones electorales, pero cualquier día dan el paso- defienden el ideario católico).
Así que me parece estupendo que los obispos recuerden que eso no vale. Que invoquen el carisma que otorga ser católico. Y las obligaciones que entraña, y los sometimientos que debe exigir. ¿Qué se creían? ¿Que las chicas de la Confe no son capaces de convertirse en las Bene Geserit que siempre han querido ser? Ahora han desplegado su manio y levantado el dedo, y avisado. Que lo sepan.
Y claro que sí, que recuerden que está la excomunión para quienes tratan con el demoníaco aborto, que los curas nieguen la comunión y demás sacramentos a los diputados que permitan ese asesinato de víctimas inocentes y etcétera. Que se sepa que la Iglesia Católica va a luchar por cada crucifijo, por cada feto, por cada espermatozoide que un adolescente extremeño se atreva a dejar en un kleenex...
Y si no quieren ser llamados herejes, que se larguen del club. Pero qué va, eso no lo hacen, esa panda de inconsecuentes. El padre Camino sabe eso: que más allá de que quieran ahora que los democristianos del PNV sean más cristianos que demócratas (o sea, como siempre lo fueron en aquellos buenos tiempos) en el fondo saben que les tienen atados y bien atados. Porque con el amparo de las leyes que una y otra vez sancionan mayoritariamente los legisladores, aunque solo sea con su inacción para cambiar esas regalías y prebendas otorgadas nihil obstat, eso que nunca se toca ni se va a tocar, la iglesia sigue feliz y ufana, cobrando y manteniéndo el control social, educativo y político que siempre ha deseado mantener.
¿Quieren coherencia? Si se ven ofendidos los políticos católicos, que dejen de una vez esa religión extraña que compadece al religioso abusador y condena (en la Tierra pero sobre todo en el cielo) a la mujer y al hombre libres que ejercen sus derechos, y a la sociedad democrática que recoge esos derechos y les da cobertura social. Y esas cosillas. Que eliminen de la realidad política esa postilla antidemocrática llamada concordato, que de una vez se asegure una educación libre de dogmas religiosos, que se dejen de subvencionar fastos religiosos en todas las ciudades (entre ellos los mítines del jefe de la multinacional esa).
Lo han puesto en bandeja. No se quejen ahora de los obispos, señores de la política (especialmente señores carcas de la política). Actúen.
¿A que no hay cojones? (*)
(*) Nota: vale, u ovarios. El toque casposo y legionario tiene su razón de ser tratando de temas de una empresa que discrimina a las mujeres y les niega el derecho y la libertad a su sexualidad y demás. Parece que alguna persona que pasó por aquí ha encontrado esto sexista. Pero que conste que no lo es: me meto por igual con los políticos católicos que con sus compañeras católicas de partido y puesto. Y también aclaro que no hago tampoco discriminación por la opción sexual: me parece muy bien que la mayoría de los obispos sean homosexuales, la pena es que no sean consecuentes y nieguen los derechos de las personas bisexuales, transgénero, lesbianas o gays. Gente, por cierto, que también está condenada a la herejía, el pecado o la excomunión siguiendo la genuina antropología cristiana.