Pulseritas
Publicado en Diario de NoticiasMILENIO (LOS LUNES, CIENCIA)
Lunes 30 de noviembre de 2009
De una manera u otra, acaban colocándote pulseritas y tú simplemente querrías olvidarte, pero no hay manera. Hace unos años se pusieron de moda unas metálicas, horrorosas, con dos bolitas en el extremo que no se tocaban. Magnéticas, de poderes milagrosos, decían. Y además se vendían en farmacias. Uno imaginaba chispas invisibles de energía sanadora saltando de una bola a otra y repartiendo su benéfico efecto en todo el organismo. Cuando ya habían casi inundado el mercado, un tío con vista pensó que podrían seguir viviendo del cuento (nunca nadie demostró que esos poderes sanadores funcionaban, lo que tampoco supuso problema alguno para su venta) si comentaban que se descargaban, y así el comprador debería volver cada cierto tiempo a pagar por una recarga.
El tiempo pasó y la gente olvidó aquellas pulseritas, quizá porque no curaban nada y salieron unas de plástico que eran, de repente, solidarias. Con la lucha contra el cáncer, con aquello, con lo otro. Y las empresas vieron que además podían venderlas de marca, así que todos más contentos. Los tiempos anteriores, de esas pulseritas de hilo que te traían de Brasil y que te permitían cumplir un deseo si las llevabas hasta que se te cayeran, se olvidaron (salvo algún expresidente que sigue siendo tan macarra en esto de las pulseritas) por el tema de ser chachis con el mundo y solidarios con todo.
Pero no, han vuelto: ahora las promocionan deportistas (que, como todo el mundo sabe, son listísimos en todo) y tienen unos hologramas que recogen energías sutiles y se aplican para restituir los equilibrios coroporales. Al timo le llaman ahora kinesiología y cuestan 50 eurotes. Tienen goma y tienen metal, aunque las hay de diseño con telas y demás. Pero siguen siendo lo mismo, el objeto que visten los ingenuos, los timados, ufanos ellos de estarse llenando de energías saludables de esas que simplemente no existen. Qué mundo.