La Envidia
El dios de los católicos es envidioso, o así lo están creando sus prebostes y mandamases, especialmente en los últimos tiempos. Tiene envidia de un mundo que desde hace tiempo sabe funcionar sin que él lo tenga que estar moviendo en cada instante. Y los asuntos de los humanos se le escaparon de las manos, cuando dejaron de ejercer el poder omnímodo, y cuando la democracia les fue apartando del sibilino control desde detrás del político. Aún falta mucho para largar del todo a este dios de la esfera de las libertades y los derechos, del gobierno de la república, de los asuntos de los hombres y las mujeres que no quieren ser sus marionetas.No es extraño que este dios lleno de rencor (así lo pintan día a día desde el vaticano y desde las sedes episcopales de todo el orbe) prefiera escupir en la tumba de quien demostró que la honradez, la ética, el compromiso con el hoy y el mañana, con el ser humano, podía (debía) hacerse desde posturas realistas, materialistas, comunistas o libertarios... lejos de dioses y demás. L'Osservatore Romano, leo en El Mundo no podía dejar de ensuciar un día de luto por la muerte de José Saramago. Así, califica su reflexión literaria sobre la condición humana y la denuncia de un cristianismo cómplice con el dolor y la desigualdad de "populista extremista".
Además de todo, ese dios que crean los cristianos, también ha sido tan cobarde de esperar a las cenizas del escritor para atreverse a contestarle.