Una Sociedad Demasiado Ingenua (REDES#2)
En el número 2, de abril de 2010 aparecía esta reflexión sobre los timos.
Imaginemos por un momento que se pudiera obtener una oscilación característica de un ser humano sano. De la misma forma en que una campana resuena en unas frecuencias determinadas, lo que le proporciona un timbre único, un verdadero carnet de identidad que es diferente de cualquier otra campana, los humanos resonaremos de cierta manera. Puede que si estamos enfermos, o si algo nos preocupa, esa frecuencia disminuya, ralentizada: un tono más grave y menos armónico. Desde luego, nada de lo que la medicina y la fisiología conoce del cuerpo humano permite pensar que somos campanas complejas, aunque hay toda una mística, del gusto de lo oriental pero no exclusivamente asiática, que imagina ese tipo de ondas rodeándonos y modificándose con el entorno, o con la enfermedad.
Si uno se cree un modelo así, podría pensar que colocándonos “algo” que recupere el tono natural del organismo sano podremos tener una terapéutica fantástica, capaz de restaurarnos el equilibrio energético. Ese amuleto será poseedor de unas vibraciones, o un magnetismo acaso, quizá de una energía propia y benéfica capaz de sanar, o al menos de ayudarnos a encontrar esa armonía de cuando estamos sanos y somos felices. Al igual que la primera idea es una pura especulación, la segunda entra de lleno en el pensamiento mágico de las analogías. Por ejemplo, podemos pensar en una pulsera cargada con magnetismo, o que contenga algún material con propiedades eléctricas (por ejemplo, el cuarzo, o la turmalina, bien conocidos en mineralogía, pero lo bastante exóticos como para servirnos para esta terapia energética). Podríamos rizar el rizo y emplear una holografía, como las que aparecen en las tarjetas de crédito, pero en estas pondremos una imagen y unas frecuencias que, según anunciaremos, son las de nuestro organismo.
En los últimos 30 años, en este país hemos visto pulseras con estos principios vendiéndose de forma masiva. A comienzos de los ochenta, una marca mallorquina llegó a vender más de millón y medio anualmente. Ahora, promocionadas por famosos deportistas, unas bandas de silicona con su holograma místico son el objeto más vendido por Internet. ¿Funcionan? Ni los campos magnéticos, ni los rayos infrarrojos o las frecuencias armónicas que afirman disipar tienen nada que ver con el mundo real. Pero con la sugestión del comprador son capaces de activar una fuerza mucho mayor de lo que solemos creer. Los médicos le llaman placebo, pero podemos entenderlo sencillamente como un efecto positivo que aparece cuando tenemos ciega confianza en que ese efecto aparecerá. La pulsera funciona como talismán, en un plano mágico que, sin embargo, no aparece nunca en la publicidad del producto, en donde por el contrario se habla siempre de supuestas pruebas científicas.
¿Por qué acudir a la ciencia cuando lo que se nos vende es simplemente magia? Vivimos en una sociedad paradójica, en la que vestimos a la ciencia -a menudo injustamente- de un poder y una admiración en cierto modo litúrgica. “Los científicos” tienen un poder que nos supera, y veneramos en cierto modo a los nuevos brujos, mientras precavidos miramos por si van a hacer alguna barbaridad. Pero está claro que para vender un producto, dotarlo del marchamo científico es un valor añadido. Si sumamos otra palabra mágica: “natural”, o lo anclamos en antiguas tradiciones orientales, tenemos los ingredientes perfectos de un producto que tendrá éxito comercial sin que nadie lo cuestione realmente.
Desde un punto de vista racional, sin embargo, tenemos a empresas que están vendiendo unos objetos de los que realizan unas afirmaciones que no son ciertas y de los que aseguran unos poderes que no tienen (o al menos son indistinguibles del placebo y la sugestión). En el lenguaje coloquial hablamos de timos. Son timos porque nos engañan en el qué y el cómo, y nos cobran un dinero con una promesa que no es cierta, por más que nosotros queramos que se cumpla y a veces consigamos la profecía autocumplida. Unas veces nos robará el dinero, en otras perderemos un tiempo que podría ser valioso, incluso hay casos en los que este tipo de timos nos quita la salud, y eso suena más grave aún.
Es curioso porque habitualmente encontramos evidente que un amuleto de una pata de conejo es solo eso, parte de una creencia, un ritual propiciatorio. No es tan fácil ver que las pulseras de balance de poder y demás son indistinguibles de esos talismanes. Si afirmo que la homeopatía, el psicoanálisis, el tarot, la astrología o los platillos volantes funcionan de una forma bastate similar, es casi seguro que muchos lectores fruncirán el ceño y se negarán a aceptarlo.
Sin embargo, existen muchos timos, aunque no siempre afirmen que nos van a sanar. Unas veces aseguran que pueden hacernos conocer el futuro, o entender mejor cómo somos o cómo actuamos. En otros casos, se convierten en milagros que rodean fenómenos religiosos, o creencias que unas veces tienen que ver con el más allá o con la vida extraterrestre. En todos estos casos conviene hacer un análisis racional, investigar qué es lo que nos cuentan y qué no nos dicen, dónde están los datos objetivos y dónde las afirmaciones sin demostración. Desde hace años, en la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico intentamos entender los mecanismos de estos timos, anunciarlos y, también, denunciar que son prácticas no del todo honradas, o directamente interesadas en tomarnos el pelo. Es una batalla intelectual por defender que la objetividad, la razón y la ciencia no se pueden abandonar a la primera de cambio simplemente porque queramos que algo sea cierto. En un mundo donde la ciencia es tan importante, no debemos aparcarla y caer en brazos de los timadores sin más. Por lo menos, sin una pulsera bien armonizada...
Javier Armentia (Vitoria, 1962) es astrofísico y dirige el Planetario de Pamplona. Como divulgador científico colabora con diversos medios de comunicación (especialmente prensa y radio) y pertenece a la junta directiva de la Asociación Española de Comunicación Científica. Dirige la colección ¡Vaya Timo! editada por Laetoli y la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, libros sobre temas en el límite entre la ciencia y la superchería.