El Hombre Que Contaba El Cielo (Adiós, Jaítos)
Se nos ha muerto Juan Carlos Medal. Igual no le conocen ni de nombre, pero era la persona que más me hizo vibrar nunca cuando contaba el cielo, las estrellas, los mundos. Cada vez que he contado el cielo, he intentado ser Jaítos, a lo largo de años y años, desde el año en que le conocí, sería sobre el 86 y aún no sabía que me iba a dedicar a trabajar en un planetario. Ellos, Jaítos y Moncho, y Manolo, estaban ya reinando en su Casa de las Ciencias que ya era la casa de todos. Jaítos, como siempre, sabía sacar del cielo lo que no tiene. Esto es, hablar a la gente de las cosas que ni siquiera se imaginaban que podrían llegar a conocer. O bajar de repente a la tierra y lanzando una patada (o un juramento, qué bien los tiraba) devolvernos a la realidad. Que lo del cielo y la tierra eran lo mismo, qué leches. La misma materia, la misma naturaleza provocando con sus misterios y retándonos a construir modelos para explicarla.En eso Jaítos era genial. Cuando he leído, y estudiado, temas de didáctica de las ciencias, o he entrado en floridas disquisiciones sobre la comunicación y la enseñanza, la información y el sentimiento de pertenencia, ahí estaban las sesiones de planetario del maestro, sus cacharrillos que siempre tenía a mano para el alumno despistado (y el alumno era el primero que pasaba por delante). El resto del tiempo además era como son las gentes buenas, rebosante, radiante, excesivo, tierno. En los últimos años había incorporado los silencios. Y eso que era una persona que supo callarse siempre. Y supo gritar y decir a las claras lo que otros no nos atrevíamos, o no osaron, por aquello de las convenciones.
Se nos ha muerto y me quedó pendiente estar con él hace nada, cuando en Coruña celebrábamos el cuarto de siglo de esa idea maravillosa de llevar la ciencia a la calle, a la casa, al corazón y a la cabeza, con Moncho Nüñez. Hoy no puedo dejar de llorar, pero a ratos me sonrío con alguna de las miles de anécdotas que sé de él. También me acuerdo de las veces que él tuvo que pasarlo mal, que sufrir. Nos queda, como siempre queda cuando alguien se va, el eco, el recuerdo, todo el trabajo que plasmó en clase en el colegio de Santa María del Mar, en las actividades de la Casa de las Ciencias, en aquellos programas de planetario en los que tuve el honor y el placer de colaborar con ellos.
Dentro de unos días les contaré el cielo a los chavales de la Ruta Quetzal, como cada año. Pero al mirar a las estrellas, entre la luz del puerto de A Coruña, sentiré que Jaítos me falta. Él era el hombre que contaba el cielo. Y cómo nos lo enseñó de bonito. Gracias.