Llamando A ET (REDES #6)
Seguimos con las colaboraciones en Redes, con un comentario sobre un tema que ya había sido tratado por aquí:LLAMANDO A ET
En abril de 2008, la NASA celebraba cumpleaños: medio siglo desde que había nacido como una agencia civil del gobierno estadounidense para la exploración espacial. En uno de los actos que conmemoraron ese aniversario, invitaron al científico vivo más conocido y más popular, Stephen Hawking, a dar una conferencia pública hablando de los retos espaciales de la humanidad. Hawking habló de los viajes por el Sistema Solar y de cómo es imposible dar el salto a otras estrellas, debido a las enormes distancias. Ni siquiera con sus queridos agujeros negros y otras peculiaridades del espacio-tiempo que es objeto de sus estudios parece probable que consigamos una tecnología de viaje interestelar. Pero planteó también, como muchos otros lo han hecho a lo largo de la historia humana, la posibilidad de que en otros mundos haya nacido la vida. Sólo conocemos los seres vivos de la Tierra, con su origen común hace casi cuatro mil millones de años, y con la enorme fuerza transformadora de la evolución en un planeta cambiante.
Casi medio siglo antes, en 1961, en el radioobservatorio de Green Bank, en Virginia, Frank Drake moderaba un debate entre el paleontólogo Peter Ward y el astrónomo David Grinspoon, en el que se planteaba una nueva ciencia, entonces llamada exobiología, y que pretendía dar respuesta a la antiquísima pregunta de si estamos solos en el Universo. Ward creía que la vida en la Tierra es un fenómeno improbable, una casualidad en la que hemos sido muy afortunados, que la historia de nuestro planeta es un cúmulo de sucesos que bien podrían haber dado al traste con los seres vivos. Por muchos mundos que existan en nuestra Galaxia, planteaba, vivimos en un planeta raro, afortunado si quieren verlo así. Como casi todos los astrónomos, Grinspoon pensaba lo contrario y Drake le ayudó, haciendo una fórmula aproximada en la pretendía calcular no sólo el número de “tierras” de la Vía Láctea, sino estimar cuántas especies civilizadas y tecnológicas podrían estar ahora mismo con capacidad de comunicación a través de radiotelescopios, por ejemplo. Esa ecuación de Drake es una fórmula que se ha repetido mucho, y que es la base de muchos intentos de comunicarnos con esos alienígenas. Fallidos porque quizá, como comentó Hawking en esa conferencia, la vida es abundante en la Galaxia, pero la vida inteligente no tanto. El SETI (la Búsqueda de Inteligencias Extraterrestres) sigue desde hace decenios intentando encontrar señales de esas civilizaciones, sin éxito, pero los astrobiólogos han desarrollado una ciencia mucho más amplia, que investiga las formas de vida extremas de nuestro planeta, o analiza los datos de Marte por ver si la vida fue allí posible cuando había agua en la superficie del planeta. Los responsables en España del Centro de Astrobiología de Torrejón son muy cautos a la hora de hablar de extraterrestres, porque saben que sus estudios científicos necesitan de una seriedad que, en cuanto aparece ET, a menudo se escapa al mundo imaginario de los platillos volantes, las abducciones, los iluminados y hasta los círculos de las cosechas, pasando por astronautas que hicieron las pirámides o levantaron los moais de la Isla de Pascua.
La moda de los platillos de la edad moderna es un fenómeno ligado al nacimiento de la Era Espacial, de la Guerra Fría y de la sospecha de que nos podrían estar investigando desde quién sabe dónde. A finales del XIX el escritor británico Herbert G. Wells había planteado no sólo eso, sino una invasión hostil en su deliciosa novela de “La Guerra de los Mundos”. En 1896 estaba abierto el debate de los canales de Marte y se creía que en el planeta rojo había una civilización antiquísima, más desarrollada que la nuestra, capaz de obras de ingeniería que dejaban al Canal de Suez o al entonces en desarrollo de Panamá como un juego de niños. La idea de que la ciencia nos traería la confirmación de esos alienígenas quedó plasmada en la literatura, luego en el cine y en todo el género de la ciencia-ficción que por aquí nos trae Carmen Pacheco y las propuestas de los lectores con sus relatos). Pero la realidad va mucho más lenta.
En una serie documental para Discovery que estrenó en abril, Stephen Hawking volvía a los extraterrestres, imaginando que si realmente hay civilizaciones, serán probablemente más avanzadas, y que si un día consiguen vencer las distancias interestelares y llegar aquí nos colonizarán sin duda, porque siempre ha pasado eso en el contacto entre culturas. Los medios se hicieron eco de la idea como si fuera un delirio, pero, pensándolo bien, podría pasar. Como decía Hawking, en cualquier caso, de haber alguien ahí afuera, está muy lejos. Y mejor que siga lejos.
¿La ciencia supera a la imaginación? Quién sabe. Más probable es, acaso, como decía otro gran físico, Enrico Fermi, que estemos solos, porque si no ya habríamos tenido noticias de ellos. Esa paradoja de Fermi sigue siendo una buena pregunta. Cuando pensamos en ET siempre aparecen preguntas. La ciencia avanza así y quizá en el futuro entendamos mejor qué condiciones hay para la vida en otros mundos, a la vez que vamos comprendiendo mejor cómo se ha desarrollado la enorme variedad que vemos en este. No es tarea sencilla.