El Asunto Hawking
Con eso de que me escapé a Berlín, a desaparecer un poco en una parte civilizada del mundo (el día que aprendan a hablar en castellano habrán ganado puntos, qué le vamos a hacer que uno es así de vago), el asunto de la última de "Sostiene Hawking" me pilló justo de camino en vuelo de easyjet. Fue llegar y escribir una columna incendiaria de opinión para El Mundo y con ello, ayer lunes me llamaron de la SER para entrar a decir dos frases con el genial César Nombela (de profesión sus antiabortismos) a favor de la Buena Nueva de la que el paralítico Hawking es profeta: DIOS NO EXISTE, HOSTIAS, QUE NO OS ENTERÁIS... Y QUE SI QUERÉIS USAR LA CIENCIA NO VALE LO DE TEMPLAR GAITAS Y METER A DIOS AHÍ DETRÁS DEL BIG BANG, DEL ORIGEN DE LA VIDA O DE LA INEXISTENTE ALMA HUMANA. No vale, y no por que lo diga el bueno de Stephen, sino porque las cosas son así y por aquí venímos diciéndolas con más o menos gracia desde hace un buen puñao de años.A lo que vamos, imagino, porque tampoco tengo tiempo de conectarme y echar un vistazo a lo que habrán dicho por ahí, especialmente gente estúpida de esa que habla sin sentido pero con mucho eco (Forrest de Prada, imagino, tendré que ver lo que JaviViz ha ido rescatando en su columna -imagínense los enlaces, que ya son mayorcitos y en este curso de Exabruptos 3 no hace falta poneros todo mascado... bueno, igual a Alessandro, que el pobre ni mea solo, pero ya saben que los católicos de ultraderecha son especie protegida incluso en este lugar de la blogocosa).
Coloco por aquí lo que mandé para El Mundo, por aquello de dejarlo puesto en la Pecera, que es donde quedan. A ver si me conecto otro rato y os cuento lo bien que me lo estoy pasando por esta ciudad hasta ahora desconocida para mí. Ahora mismo estoy usando la wifi del Studi54 Kitchen, en el muy alternativo antro de Kunsthaus Tacheles, un patio lleno de mugre, graffitis, esculturas recicladas, música y unas cuantas bieren de las ricas. De la noche, ya saben, aquí no contamos mucho, pero es intensa, divertida y llena de fetiches. Como el universo, o como el universo de los creyentes tipo Nombela, que no creen que un científico tiene que callarse la boca en vez de soltar prejuicios contra los derechos reproductivos de las mujeres, pero se encocora cuando un científico dice que la ciencia no necesita de Dios, que lo mires por donde lo mires, la física tampoco tiene hueco para "esa hipótesis": mal que les pese, el mazazo de Hawking les ha dado justo donde más les duele, en los mismos cojones que ellos cuidadosamente han empleado para establecer su falaz argumentum ad ignorantiam: cada vez la ciencia deja menos espacio de impunidad para los dioses, Y eso, no me cabe duda, es una noticia estupenda.
(Ich bin ein Berliner, que dijo JFK. Imagino que a él también le comieron todo en una fiesta de estas berlinesas...)
EL MUNDO
SOSTIENE HAWKING, CON RAZÓN
A ver: la ciencia tiene pocos personajes públicos, en eso de la "visibilidad" seguimos estando muy muy por detrás de casi cualquier otro tema, y llamamos frikis a quien necesita más que los dedos de una mano para contar el número de científicos famosos que conoce. Así, los científicos raras veces son creadores de opinión (no sólo en este país donde cuenta más el alarido de Belén Esteban que un catedrático escribiendo un ensayo), y aquellas veces en los que parece que se salen del tema raro y exótico al que dedican su desconocido quehacer, parece que molestan.
Con todo ello, comprenderán que celebre que el único científico que se salva de ese ostracismo, el más conocido del mundo, y al que -sin duda ayudando su condición física- se le perdona que diga cosas que no solo tienen que ver con la física cuántica o la cosmología, haya decidido por fin a decir en alto y a las masas lo que la ciencia sabe de Dios. Aquello que le dijo Pierre Simon de Laplace al omnipotente Napoleón: "Sire, no necesito de esa hipótesis", cuando el emperador le comennó extrañado que en su "Exposición sobre el sistema del Mundo" no mencionara ni una vez a Dios. Los físicos sabían ya que para explicar cómo funciona el mundo no hacía falta un mal axioma, el de las religiones y las trascendencias.
Pero la cosmología moderna encontró en el cielo las señales de que el Universo tenía un origen, eso que llamaron la "gran explosión" o "big bang", y se puso de moda intentar recuperar al Dios Hacedor como el tipo simpático que un día, hace 13.700 millones de años, pegó el estallido del que todos hemos venido. No es raro que a comienzos de los 60 el Vaticano se quisiera erigir en valedor de esta cosmología con pinta genesíaca (por más que todo lo que la ciencia decía ya desmontaba el tinglado de todos los libros sagrados que en la historia de la humanidad se habían escrito para contar lo mismo), como el Kremlin intentó hacer valer la idea de que no había principio y todo era eterno.
También la biología nacida hace siglo y medio con Darwin se cargó al Dios que creó las plantas, los animales y a Adán y Eva. Y aún no se lo han perdonado ni a Darwin ni a quien se atreve a decirlo en alto. Y otros quieren ver aún la huella de los dioses en la complejidad de la conducta humana, por más que, de nuevo, la ciencia recomiende justamente eliminar suposiciones más allá de lo razonable. Hawking hoy lanza al mundo la noticia de que realmente no hay magisterios separados, que solo ha habido espacios donde la ciencia aún no se había atrevido a poner razón y objetividad, dejando impunidad a los dogmas religiosos. Ahora, a por el alma inmortal...