... y aparte de todo uno, que tiene la adicción al tabaco, se queda pensando en lo que haces con tu cuerpo. Caben muchas reflexiones, acaso ahora pienso que la muerte de un escritor nos priva a sus lectores (incluso a los ocasionales) de encontrarnos con una buena pieza de texto que echarnos a la boca en el futuro. Pero que, quedando los escritos, algo siempre nos quedará. Quizá los escritores mueren un poco menos que los que no escriben. Igual ahí estaba eso de plantar un hijo, tener un libro o escribir un árbol. Quiero decir, más o menos permutado...
La mejor literatura de Terenci se encuentra en sus escritos sobre cine. Sólo él era capaz de combinar una reflexión profunda con la mitomanía más apasionada. A medio camino siempre entre el sesudo análisis tipo André Bazin y el chismorreo morboso y kitsch de un Kenneth Anger, Terenci bordaba sus textos, lúcidos, llenos de amor al cine. Hasta en su muerte fue coherente con su modo de pensar. Adios, Terenci.