Camino Del Suicidio Social
Ayer era mi cumpleaños. Sucede todos los 9 de noviembre y, desde hace años, siempre hay alguien que me quiere halagar recordando que comparto fecha de nacimiento con Carl Sagan, y luego hay gente que me recuerda que también comparto la misma fecha con Eduardo Punset. El año pasado, ya en pleno boom de las redes sociales, recibí unos cuantos (muchos) cientos de felicitaciones a través de ellas, específicamente del FB, página que se encargaba (ella es así y nosotros le seguimos) de avisárselo a todos mis contactos. Es lo que tiene una sociedad promiscua como la de las redes sociales. Que son sociales y en los lugares más comunes caemos todos.Eswte año, sin embargo, ya llevo avanzados muchos pasos hacia el suicidio social 2.0: por ejemplo, desde hace unas semanas al mismo FB no le dejo permitir que cualquiera me etiquete en sus publicaciones, fotos o lo que quiera que sea que metan, sin que me lo consulte, por lo menos. Ello me ha acarreado varias quejas de gente que me preguntaba si me pasa algo, o si simplemente me he vuelto un divo... gente que no entiende que eso de etiquetarte en algo que no has visto en tu vida es, cuando menos, una intromisión. En fin, esas cosillas, como lo de que uno va teniendo amigos que, solícitos, te reenvían todo lo que creen que es conveniente que leas o quieras, o que te incluyen en los más variados grupos... Antes, cuando esto era una tontería sin más, tenía su gracia, pero las políticas cada vez más invasivas de estos corralitos de la red social (ya hemos por aquí expresado nuestro temor de que mientras entre las condiciones de uso aceptadas de los ciudadanos del FB, TW y demás, no se incluya de forma expresa la adscripción a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, no somos realmente ciudadanos sino súbditos de dictaduras muy pobladas) resultan estomagantes.
Decir esto, pensarlo siquiera, te enfila, como bien comprendeis, hacia el ostracismo. Por supuesto, podría optar por hacer el idiota y dedicarme a pasar unos meses borrando mi identidad digital. Ja. Pretensión vana, por un lado, y además completamente inadecuado. Yo estoy encantado con tener identidad en el mundo digital, e incluso varias, con mis sosias o heterónimos como en los buenos tiempos de los foros. No quiero irme de este nuevo mundo 2.0, solo quiero que sea un mundo más civilizado, democrático, y educado. No se, el western me gusta como género, pero no para vivir, cada vez que abro el navegador, en una tierra sin más ley que la del más fuerte.
Bueno, pues en este descenso a los infiernos, ayer decidí hacer un nuevo experimento con mi cumpleaños: de la misma manera que el año anterior había decidido agradecer todas y cada una de las felicitaciones, este año decidí alterar la fecha de mi nacimiento a otro día, para que el FB no avisara a las personas que me tienen conectado que tal día como ayer era la fecha de mi cuadragésimonono aniversario con el mundo (también lo tengo escrito por aquí: el cumpleaños es, debería ser, una celebración de la madre de uno, "a mi me nacieron" es más que una declaración simpática, así que sin más).
Funcionó adecuadamente, porque salvo algunos que me conocen mejor o que tienen por ahí sus agendas no vinculadas a FB, descubrieron que a pesar de los pesares sigo siendo un chico de esos del ramito de violetas. Al resto de gente, que leerá esto comentando "será gilipollas", este pseudoexperimento no les parecerá más que la constatación de que los años no pasan en balde y que servidor ha traspasado ya varios pueblos la frontera del mal gusto.
Comentarlo al día siguiente, hoy, en el blog, es ya una completa declaración de hostilidad. Pero, qué le vamos a hacer. Cumplir un número de años que es cuadrado de 7 no se hace todos los días. Y era cosa de celebrarlo con algo que también fuera inusual. Bueno, eso, y un buen chuletón, pero eso es otra historia.
Queridos amigos, de verdad, sigo siendo un borde incorregible, y gracias por no haberme llenado el FB de felicitaciones 2.0. Besos