El Poder De La Palabra
El poder de la palabra
POR JAVIER ARMENTIA - Lunes, 5 de Marzo de 2012
Me ha llamado la atención el asunto este del monumento al encierro y cómo con una amenaza de multa y unos carteles se ha solucionado algo que, hace unos meses, nos dijeron que iba a costar treinta mil euros. Es cierto que en torno a este engendro casi todo llama la atención y lo mismo alguien en el futuro puede escribir un libro con el mazacote al encierro como metáfora de lo que pasa por estas tierras, o más bien no pasa. A cualquiera que pasara por Roncesvalles le llamaba la atención esa procesión de gentes encaramándose para salir en la foto, todos esos probos progenitores que depositaban a sus criaturas sobre las otras para inmortalizarles. Uno pasaba y miraba, y siempre se oía algún comentario sobre lo peligroso que parecía, y qué raro que nadie dijera nada. Pero así son las cosas, y ya era un deporte no reglado, casi tradición de honda raigambre.
Luego llegó el mozalbete que se pinchó y todo el mundo se hizo cruces. Lo que, dado que eran los tiempos de la visita de la muchachada papal, tiene su lógica. Y de la misma manera que había surgido la moda de subirse al monumento, se generó un runrún exigiendo soluciones para evitar ese enorme peligro que, ahora sí, acechaba la paz de Vetusta, digo, Pamplona. Hasta quienes tenían una foto desde el monumento en su Facebook, se quejaban ahora. Solícitos como suelen ser a estos sentimientos, aparecieron los próceres de la ciudad con sus presupuestos y soluciones del TBO. Vallarlo o elevarlo todo, poner un destacamento de policía, sensores... o un muro vegetal carísimo pero muy chic. Al final, ha sido el poder de la palabra. Se han puesto unas placas y se ha avisado de la multa. Que es lo que se habría podido hacer desde el comienzo. Ya se acabó todo, y solo esos borrachos que vienen a enturbiar la paz de esta ciudad serán quienes, ya delincuentes, den mal ejemplo. ¿Lo aplicamos a otros misterios sin resolver?