Barajas
(publicado en Diario de Noticias -Milenio- , lunes 14 de abril de 2003)
La baraja iraquí no se usa, precisamente, para ningún juego de cartas, es solamente la forma que han dado a una lista de exterminio. Cincuenta y tantos sujetos que pueden ser asesinados primero y después investigados. ¿Juicios rápidos? Algo así: supongo que se trata de la forma de entender la ayuda humanitaria, como hace medio siglo por aquí otras listas funcionaban de idéntico modo. En aquella época no había ánimos para colocarlos en una baraja (aparte de que eran demasiados para la baraja española, aunque fuera la ampliada del remigio), nadie tuvo la sota de oros, pero al final acababan igual, en un hoyo. Uno se pregunta si el nuevo orden mundial va a ser así siempre: aparece tu nombre en una baraja, en una página de internet o donde sea, y de repente ya se te ha acabado la vida, o casi, ya eso de los derechos humanos, de las convenciones ginebrinas y demás zarandajas, no va contigo. Se siente. PUM. (A lo más alguien dirá mirando tu cadáver: "te lo avisé, forastero"). Claro que, teniendo en cuenta que en otros sitios del mismo mundo en cuanto haces amago de secuestrar un barco te enjuician sumariamente y te fusilan en un par de semanas, al menos la cosa de aparecer en la baraja sirve para que alguien te recuerde. Como lo de los cromos de futbolistas: uno se irá a la plaza el domingo a cambiar las cartas con los caretos de los delincuentes más buscados: "lo tengo, lo tengo, sí, sí... ¡mira! Éste no". PUM. Ya es historia.
Mientras tanto, por este lado del mundo, el que parece más civilizado, la cosa es inaugurar antes de que llegue el 25 de mayo. Vengo de hacer un viaje por media España y he visto recién inauguradas unas cincuenta obras públicas. Sin hacer, claro, es lo que se estila ahora. Las grúas, los enormes camiones y volquetes están trabajando ahora lo que no han hecho en cuatro años. Lo mismo, también, publican una baraja con la lista de inauguraciones pendientes. Para irles dando matarile antes de que sea demasiado tarde.