La Selva Antigua

Territorios, Ciencia y Futuro, El Correo, miércoles 16 de abril de 2003
Los bosques tropicales de Sudamérica son ahora el mayor continuo ecológico de todo el mundo: un amplísimo sistema de flora y fauna que se extiende a lo largo de más de un millón de kilómetros cuadrados por todo el continente, con la gran cuenca del Amazonas como zona central del mismo, que mantiene unas condiciones climáticas bastante similares, reguladas en gran medida por la gran cadena montañosa de los Andes, que vertebra la zona. Los biólogos hablan de la región neotropical para referirse a esta zona, que presenta la mayor diversidad de especies del mundo: sólo en plantas, contiene más especies que las selvas tropicales de Asia y África juntas. Una región, por lo tanto, fundamental para el futuro de la conservación de la biodiversidad de nuestro planeta.
Precisamente, la gran diversidad de especies que se presenta, aun cuando las condiciones climáticas y geográficas son tan similares, ha planteado en el último medio siglo un interesante debate sobre los mecanismos que facilitan el proceso evolutivo de especiación, es decir, la aparición de diferentes especies a partir de antecesores comunes. Desde los primeros tiempos de la teoría evolutiva, cuando Darwin publicó su libro "El Origen de las especies" (1859), este tema ha sido uno de los aspectos cruciales del debate: ¿cómo se produce la especiación? El mecanismo, de forma genérica, implica un aislamiento reproductivo entre diferentes poblaciones de la misma especie que van evolucionando como resultado de la adaptación al medio. Pensemos en el caso más sencillo, que proporciona el mecanismo denominado alopátrico (especiación por aislamiento geográfico): poblaciones de la misma especie van colonizando nuevas zonas geográficas, en las que las condiciones son diferentes. La adaptación al medio de las poblaciones que han emigrado puede provocar que llegue un momento en que entre ambas poblaciones descendientes la fertilización sea imposible. Se suele considerar que cuando las poblaciones no son interfértiles estamos ante dos especies diferentes. En los casos reales el mecanismo es más complejo, y da lugar a muchas variaciones: puede que las especies puedan seguir pudiendo tener descendencia híbrida, pero estéril; otras veces no se llega a producir la fertilización; en otros casos no se consigue engendrar un híbrido, o éste tiene escasas posibilidades de supervivencia...
En el caso de los bosques neotrópicos, ¿cuándo y cómo existieron esas condiciones diferentes que habrían facilitado la aparición de nuevas especies diferentes? En los años sesenta los biólogos desarrollaron la teoría de que el fenómeno podría ser relativamente reciente. A lo largo del Pleistoceno (entre hace millón y medio de años y unos diez mil) se produjeron importantes cambios climáticos en el planeta, cubriendo de hielo incluso las zonas durante las glaciaciones y, presumiblemente, alterando las condiciones de las regiones tropicales y ecuatoriales, de manera que la superficie de selva húmeda se habría reducido en esos momentos, formando islas selváticas rodeadas por zonas secas, similares a a las sabanas existentes actualmente en Sudamérica. Añadiendo a ello el cambio de nivel de los mares, los cambios en las corrientes marinas y el efecto en el clima, los modelos parecían indicar que en toda la Tierra el clima pasó por momentos muy áridos. Los refugios que se crearon en esas épocas para el bosque tropical húmedo permitirían desarrollar procesos de adaptación a las condiciones diferentes en cada uno de ellos. Al recuperarse las condiciones húmedas y volverse a juntar esos refugios, se encontrarían de nuevo especies que ya eran diferentes, aunque provenían de los mismos progenitores.
La teoría del refugio pleistocénico fue encontrando evidencias que parecían apoyar ese proceso de especiación alopátrica: dunas de arena fósiles en medio de la selva amazónica, estratos que sugerían épocas de gran erosión, correspondientes con una posible ausencia de masa vegetal, muestras de pólen concordantes con esa idea... Pero, también, aparecían las críticas, sobre todo cuando se comenzó a analizar el parentesco genético de diferentes especies: los paleontólogos pueden, mediante los estudios filogenéticos, determinar cuándo se ha producido la separación de dos especies genéticamente próximas.
Se ha comprobado que hay variaciones importantes en especies de mariposas, por ejemplo, en los últimos millones de años. También la distribución geográfica de algunas plantas con flores muestra variaciones relativamente recientes, correspondientes a ese periodo, que además coincide con la formación de los Andes al final del Terciario (un periodo que abarca entre hace 65 y 1,5 millones de años). Pero los datos paleoclimáticos ponen en duda grandes variaciones del clima en la región neotropical en esas escalas de tiempo: la cuenca amazónica ha sido un continuo ecológico durante gran parte de los últimos sesenta millones de años.

En el número del 4 de abril de 2003, la revista Science publicaba un amplio informe sobre la diversidad en especies de plantas que existe en los estratos fósiles de la Laguna del Hunco, en la Patagonia argentina. Peter Wilf, del Departamento de Geociencias de la Universidad del Estado de Pensilvania, dirigiendo un equipo de paleobiólogos norteamericano y argentino, han analizado los sedimentos existentes en una serie de lagunas obteniendo de entre las casi dos mil muestras fósiles evidencias de cien especies de plantas diferentes de hace unos 52 millones de años, edad que han podido determinar estudiando la orientación al campo magnético terrestre de algunos minerales. En aquella época, esta zona pertenecía a la región neotropical, el clima de la Tierra era más cálido y más húmedo, los Andes no se habían levantado y el ecosistema de esa laguna era similar a los que hoy siguen existiendo en las selvas tropicales sudamericanas. Los cálculos permiten considerar que a comienzos del Eoceno, en pleno terciario, la diversidad de la flora neotropical era ya un hecho: el mecanismo del refugio justifica una biodiversidad posterior, pero ya existía una anterior. Y parece evidente que el mecanismo geográfico no es el adecuado para dar cuenta de este fenómeno. La especiación sería por lo tanto parapátrica (es decir, sin aislamiento geográfico). La misma amplitud geográfica puede permitir la evolución paralela de poblaciones de la misma especie que acaban dejando de ser interfértiles. Sería así la misma variación biológica que se produce en una región tan extensa la que aseguraría la aparición de nuevas especies.
Biodiversidad Amazónica
Los descubrimientos aportados por el equipo del paleobotánico Peter Wilf proporcionan un nuevo elemento que justifica la necesidad de preservar el bosque neotropical con la máxima extensión posible. Si la investigación en curso y los futuros análisis de la flora y la fauna en épocas pasadas de esta región confirman los trabajos recientemente publicados, es precisamente la enorme amplitud de esta región bioclimática su principal activo a la hora de conservar la biodiversidad: uniendo la variabilidad genética a la posibilidad de una especiación por distancia, dentro de un entorno tan grande, los mecanismos evolutivos aseguran mantener esta riqueza de la vida en marcha.
Más aún, teniendo en cuenta que los modelos de refugio quedan desvirtuados como origen o promoción de especiación y biodiversidad, se debería fomentar la conservación en una escala global, casi continental, del bosque neotropical, de manera que se asegurara adecuadamente su supervivencia. Si ya resulta complicado poder conservar zonas geográficamente pequeñas, pensemos en lo complicado que será aunar esfuerzos para una tarea de esta envergadura.