Camina O Revienta
(MILENIO, Diario de Noticias, lunes 21 de abril de 2003)Resulta curioso cómo esta sociedad sigue ocultando la existencia de las mujeres, o al menos consiguiendo moderar su mayoría numérica manteniéndolas en la sombra, pero a la vez permite a los publicistas que sepamos más de menstruaciones y sus apaños y soluciones celulósicas como si fuera realmente lo único importante respecto a ellas. Me explico: pensemos en la escasa cuota de mujeres en cualquiera de los muchísimos rangos en que podemos cifrar el éxito de esta sociedad: en la política, en el mundo empresarial, en las jerarquías universitarias... (de la iglesia, mejor ni hablemos, que aún viven -también en esto- en un mundo medieval). Las más aparentemente inocentes acciones del día a día, en el mundo familiar, en la escuela, por la calle, en los medios de comunicación, marcan, por mucho que las campañas institucionales intenten equilibrarlo, un mundo dirigido por los hombres en el que las mujeres siguen detrás, consagradas al papel reproductivo o cuidador, únicos en los cuales pensamos en femenino.
Por el contrario, uno pone la tele y no puede sino darse cuenta del enorme emporio empresarial que está detrás del fenómeno menstrual, que inunda los larguísimos minutos comerciales entre programa basura y programa basura. Gracias a estos anuncios sabemos lo terrible que es y lo bien que se pasan esos días gracias a las bondades de los absorbentes que se han de poner (en el coño, quiero decir). En la tele, el mundo de la mujer es el mundo menstruado. Con un número indefinido de capas, con tamaños y formas anatómicamente pensados para su comodidad, incluso ahora con colores que eviten el trauma que ha de suponer (al macho de turno) descubrir que bajo la braga (ellos siempre dicen braguita) llevan una compresa. El resto del mes, las mujeres, ya pueden reventar, claro.