Anticiencia Y Política
Llevo unos cuantos días leyendo interesantísimos análisis sobre la cuestión, aireada recientemente por gente cercana a "Podemos", de si en la ciencia hay también una casta que exige un replanteamiento desde la soberanía popular -un análisis similar al que esta formación (y otras) hacía con respecto a la política, o la economía. Digo que son interesantísimos, y son un montón, y son casi completamente convincentes. Pero se me antojan innecesarios, un despliegue que, me malicio, como ese "excusatio non petita", parece que soslaya una autocrítica que, posiblemente, debería haber sido hecha antes y por quienes ahora enarbolan la defensa de la ciencia frente a los ataques del relativismo político.No pretendo decir nada especialmente interesante, lo siento, simplemente necesito desmarcarme hoy de esta armada invencible, porque no creo que un artículo de opinión de un por otro lado poco conocido y posiblemente poco relevante blog (acaso tan poco conocido o tan poco relevante como esta pecera, qué mas da...) necesite tanto espacio y tiempo de los más granados divulgadores de la red científica patria. ¿O es que ha hecho mucho daño?
Juzguen si quieren.
El artículo que ha desatado la oleada se llamaba "La casta científica y el paradigma ético de Podemos", en el blog "Caballo de Nietzsche, de Ruth Toledano, para eldiario.es. Toledano hacía un perfecto ejercicio de ortodoxia política, pretendiendo enmendar la plana a una voz díscola desde dentro de la casa, de lo más alto y granado porque acaba de ser elegido eurodiputado. Pablo Echenique-Robba, físico y europarlamentario electo por Podemos, en una entrevista en Materia (“En la izquierda a veces la gente se vuelve anticientífica”, Materia 30/5/14) se mostraba discordante con algunos aspectos del programa de Podemos. Por ejemplo:
"Obviamente como científico no estoy en contra de los transgénicos per se. Es como la energía atómica, no es ni buena ni mala, sino que depende de para qué la uses. A día de hoy, los transgénicos están bajo el control de unas cuantas multinacionales que tienen un poder muy elevado. Imponen sus condiciones sobre pequeños campesinos."Igualmente, sobre la investigación con animales, afirmaba no estar en contra, aunque entendía que mucha gente lo estuviera:
"Yo siento mucha empatía por los animales, pero siento más empatía por los humanos. Como todos los problemas morales, surgen cuando se contrapone el bien de un ser al bien de otro ser. Es irresoluble, no hay una respuesta buena. Pero yo me inclino más a utilizar ratoncitos para acercar cinco años una medicina que cure a humanos, dándome muchísima pena los ratoncitos. En la vida hay que tomar decisiones y no se puede ser radical absolutamente en todo."Cuando esta entrevista se publicó generó dos tipos de reacciones. Unos se posicionaron en contra de esa tibieza con la que se entendían las posturas antitransgénicas dentro de Podemos, porque a pesar de lo que decía Echenique, lo cierto es que en el programa de este partido está la lucha antitransgénica, o dentro de los círculos de Podemos hay un sector dentro de algo denominado "ecología" en el que lo mismo se es animalista que homeopático... Por ejemplo, Fernando Cervera, en Naukas, escribía una crítica en "Ciencia y política. PODEMOS, Europa y los transgénicos" (luego siguió escribiendo algo más sobre el tema). También Juan Ignacio Pérez Iglesias, responsable de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco y uno de los más claros exponentes de la nueva apuesta por la divulgación científica en nuestro país, que ha escrito estas semanas varias veces sobre el tema, como en "De política y ciencia: la racionalidad constreñida", publicado en Materia (4/6/14) establecía una crucial disidencia.
Pero es cierto que fue mayor el movimiento de la "ortodoxia" de considerar que un portavoz electo de Podemos no puede (no debe) posicionarse públicamente en contra de su propio programa.
Posiblemente el asunto debería haberse quedado ahí, en la propia contradicción interna que muestra un movimiento como Podemos, que tampoco es algo único ni es algo nuevo: el 15-M de donde viene en parte el empuje de Podemos, mostró ya desde sus comienzos un más que casual coqueteo con posturas cercanas al relativismo, a la crítica a la ciencia, al ecologismo un tanto ecólatra o, directamente, abrazando las pseudociencias y el esoterismo más descarado. Y no es nada nuevo tampoco cómo en la izquierda este debate ha sido y sigue siendo complejo, difícil y con un pasito para adelante y otros cuantos para atrás.
Recordemos por ejemplo el trabajo de gente como Eparquio Delgado en IU promoviendo una apuesta por la ciencia y las medicinas basadas en la evidencia frente a la homeopatía, como se contaba en esta noticia de Materia, "Una voz política contra la pseudociencia", pero también el prietas-las-filas de Mundo Obrero censurando propuestas desde la izquierda nada antitransgénicas (lo contamos por aquí hace medio año).
Es decir, lo que se está viendo ahora en Podemos no es nuevo, y se lleva escribiendo y debatiendo desde hace tiempo. Lo que puede haber sucedido es que, desde Podemos, ahora empiezan a despertarse unas luchas que simplemente no se pensaron antes como relevantes.
En ese sentido, el despliegue "procientífico" me parece excesivo. El debate de ahora no es ni tan relevante ni siquiera ha acudido con un valor argumentativo interesante, ni desde una relevancia social más allá del ruido de Twitter (que es, no nos cabe duda, cada vez más ruido). Recomiendo el artículo de Juan Ignacio Pérez Iglesias publicado en NEXT (la sección de ciencia de VozPopuli.com) se titula "Un alegato contra el animalismo", y merece la pena también por hacer un buen resumen del posmodernismo vinculado a la izquierda política. Otros recomendables autores, como Pepe Cervera en su blog Retiario de rtve.es, "Contra la irracionalidad", Clara Grima en "La casta científica y nuestra esperanza de vida", publicado también en eldiario.es, van desgranando diferentes argumentaciones que desmontan el populismo de Toledano.
Pero es que no hacía falta desmontarlo, al menos no más que cualquier otro populismo anticientífico. No menos, posiblemente, que la apuesta de tantas universidades por formación pseudocientífica, que el apoyo de los partidos de la derecha al desmantelamiento y desamortización de la ciencia en general, del sistema público de educación y salud y de los derechos sociales. Que no tienen menos que ver con la ciencia que la experimentación animal... No es Podemos el primer partido que toma idem por pseudociencias (recordemos el BioVac que alegremente defendía Esperanza Aguirre, la apuesta por el fracking, el negacionismo del cambio climático verdaderamente extendidos y convertidos en política de estado por los gobiernos nacionales y más de uno autonómico... y un largo etcétera que otro día deberíamos acaso analizar).
Posiblemente acudir al primo de Rajoy para negar el cambio climático no tiene la misma altura intelectual que una cita de Feyerabend, pero el peligro que tiene Rajoy hace que los malabarismos dogmáticos de Ruth Toledano queden en poco más que una pintada en una pared del barrio. Más o menos como esto que yo escribo. Pero el negacionismo del cambio climático, amparado y pagado por muy importantes montañas de dinero proveniente de los beneficios del petróleo y el carbón, ha permanecido con una impunidad increíble durante años, cuando pocos científicos se atrevían a decir lo que ya entonces era científico: que el clima estaba cambiando debido a la quema de combustibles fósiles.
Ya he comentado más de una vez por aquí que servidor tiene su ideología y que no la oculto. Ni pretendo venderla como verdad absoluta y menos como verdad científica. Pero tampoco tengo por qué quedarme callado ante una crítica que se suele hacer (y que en parte está en esa "crítica" del relativismo de izquierdas el establishment de la ciencia, ahora mal llamado "casta científica") y es que a veces la defensa de la ciencia se ha querido convertir en defensa del statu quo y en acrítica aceptación de ideologías más bien de derechas, más bien capitalistas, más bien de un desarrollismo neoliberal al que, reconozcámoslo, el progreso científico y tecnológico le ha venido como un guante para autojustificación.
Se que debería exponer con más detalle estas acusaciones, pero no tengo mucho tiempo, ni soy quien para pretender argumentar mejor que tanta gente. Pero qué le vamos a hacer: por más que Greenpeace se empeñe en engañar con su histeria antitransgénicos, si no hubiera sido por ellos, ahí teníamos un buen montón de mierda que nadie habría denunciado. Y prefiero discutir con unos exaltados antiantenas que encontrarme con que una compañía telefónica simplemente incumple la normativa porque le sale más barato pagar la multa si le pillan que cumplir la ley.
Por supuesto que me da mal rollo que las posturas de justicia social se trufen con anticiencia, pero me da la sensación de que al menos las izquierdas permiten un debate, que simplemente se hurta en las derechas negando la mayor.
¿Quieren un último patadón no argumentativo pero que muestra mi estado de ánimo? Me parece absurdo que la banca ética tenga en este país el amparo de un movimiento místico tan sectario como anticientífico como es el de la antroposofía. Pero no puedo olvidar que otra banca está controlada por el Opus Dei, con ideas no menos anticientíficas en torno a la salud sexual y los derechos reproductivos, la sociedad y el papel de la mujer en ella. Y comparando una banca y otra, en la de la biempensante comunidad de valores de derechas, mueven mucho más dinero, hacen más corrupciones y además desahucian y mantienen el tráfico de armas, la esclavitud de las mujeres y demás. Que los otros se pongan a patrocinar la agricultura de la mística biodinámica o una escuela sectaria es sin duda denunciable, pero la forma en que unos y otras toleran el otro atropello no deja de ser triste.
Es decir, ¿nos quejamos contra los esotéricos de PODEMOS porque "les podemos", porque no tienen bancos, ni empresas de energía o grandes multinacionales? Espero que no, que nos quejemos porque son anticientíficos y porque hay que combatir la anticiencia. Pero conviene entonces ver que también está la anticiencia en los propios ministerios que están desmantelando la educación y la ciencia, y el estado de derecho. Creo que desde la izquierda hay que luchar por muchas guerras, y las de la ciencia están ahí, pero no "en vez" de las otras, sino porque son parte de una verdadera revolución necesaria, una apuesta por la modernidad de la que la izquierda no debería haberse separado nunca.
Por más que sea comprensible que la gente se hartara de que la razón científica siempre estuviera apadrinada y soportando el poder económico y político. O al revés, que nunca se sabe.
Y perdonen, que tenía que trabajar en otra cosa y se me pasó la tarde diciendo obviedades.