La escucha invertida
Contexto: escribo esto el 19 de noviembre de 2025. Dentro de un día ¿celebramos? ¿se conmemora? ¿cumple años? hace 50 años que se dio por muerto al dictador Franco. Qué mierda, parece que fue en otro mundo, aunque escuchando al facherío parece que fue ayer o que nada ha cambiado. Ni pidieron perdón ni pagarán nunca por sus tropelías, asesinatos y robo generalizado. No guardo rencor: mantengo un odio y asco innombrable por quienes me condenaron a nacer y crecer en un país así de asqueroso. No perdono: ni toleraré nunca el blanqueo que es difamación, es profanación y es una vez más ataque contra las libertades y la democracia verdadera. Pero no puedo aportar nada más que esos sentimientos. Por eso agradezco a quienes hacen una lectura crítica del mundo que hace 50 años empezó a cambiar, de alguna manera, incompleta y en mucho errada, con la muerte del Patascortas.Así, saltando de unos temas a otros, he caído en un dossier temático titulado “Imaginarios LGBTIQ+ de la música popular en España, en la revista “Estudios LGBTIQ+ Comunicación y Cultura” de las Revistas Científicas de las Ediciones Complutenses. Aquí el artículo. Todo el dossier es muy recomendable. Como profano en el mundo académico de los estudios culturales, me ha sorprendido mucho el mundo de los lugares comunes que frecuentan autoras y autores de los estudios publicados, el trabajo y la forma del mismo que da la academia a estos temas… en fin, lo lógico cuando uno viene de otro ámbito (más cuando uno viene de un ámbito como el de las ciencias físicas, se me entenderá). Así que me he sumergido como un paseante ocasional, tomando notas y disfrutando de cuestiones que simplemente nunca había considerado.
Iba a hacer un simple y breve comentario en Mastodon sobre uno de los artículos que me llamaron más la atención, pero al final prefiero ser un poco más justo, así que me explayo en una entrada en el blog. No es que vaya a decir nada especialmente brillante ni nuevo, pero me quedo un poco más a gusto y procrastino, justo ahora que tenía que estar preparando una charla sobre otra cosa completamente diferente.
El artículo es “Escucha invertida: Las canciones-tapadera de Mari Trini, Guillermina Motta y Elisa Serna en contexto”, de Elia Romera-Figueroa, del Departamento de Filología Hispánica de la Universidad Autónoma de Madrid. (El PDF del artículo está aquí). En él hace una revisión al trabajo de estas cantautoras, sus canciones, las portadas de sus discos, analizando la “escucha invertida”, es decir, “una forma de interpretación cómplice que desafía el significado cisheteronormativo”. No sorprende descubrir cómo estas mujeres sufrieron específicamente misoginia, machismo, homofobia más allá de capear con su posición antifranquista. Sus canciones de amor, como las de las, los, les cantautores de la época, “ofrecían la posibilidad de reinterpre-tar el objeto de deseo, desafiando los valores tradicionales del nacionalcatolicismo, y, por consiguiente, de la cisheteronorma. Durante el franquismo se había legislado para imponer una «heterosexualidad obligatoria»”, cito a Romera-Figueroa en lo sucesivo, por no andar repitiéndome.
Se nos olvida a menudo que desde 1954 la Ley de Vagos y Maleantes se modificó para incluir de forma específica a homosexuales y personas trans. En 1970 la ley se renombró como “Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social” para permitir una represión específica con internamientos en instituciones psiquiátricas y prisiones (la labor del médico fascista Lopez Ibor con lobotomías y electroshocks debería ser más recordada, aquél psiquiatra que nos aparecía en la tele…). La ley se mantuvo hasta 1981 (el año del golpe) pero hasta 1988 se mantuvo lo del escándalo público que permitía procesar a cualquier persona simplemente por su expresión de género o identidad pública. ¡EN 1988! Por mucho que la movida o la naciente libertad y eclosión de la misma en la sociedad española, ahí estaban las leyes, la policía y los jueces para mantener todo atado y bien atado.
Pero me separo del artículo, que se centra en tres personajes maravillosos y con muy diferentes matices. No voy a despiezarlo, porque recomiendo leerlo al completo, también por las amplias referencias que ponen contexto también en el mundo del “gay readin”, esa lectura que permitía entender también canciones de Patxi Andión, Victor Manuel o Ana Belén, citados en el artículo como muestra de cómo eso que se ha analizado como una ambigüedad que permitía a los cantautores saltar la censura y a los oyentes alcanzar significados no expresados literalmente, pero que la autora lleva a algo más, poniendo en primer plano la interpretación de los oyentes, eso que denomina “escucha invertida” (jugando, claro, no solo con la inversión de la dirección de la comunicación, sino con el término que usaba el franquismo para hablar de mariconas y demás, invertidos o desviados).
La propia Mari Trini hablaba de sus “canciones equívocas”. No lo sabía, pero se recogen entrevistas y acontecimientos que muestran cómo era evidente la intención de Mari Trini de invitar al publico que realizara esa interpretación inversa de sus letras, como en el caso de “Yo no soy esa”. (Canción, por cierto, que ahora me he puesto en bucle… qué grande era esta murciana universal).
En fin, ya avisé que no iba a decir nada especial, simplemente celebrar a mi modo este medio siglo sin dictador y desear que tanto heredero suyo desaparezca rápidamente, que /tanta nostalgia que en el fondo es caspa y deseo de involución. Que ustedes celebren bien la muerte de un dictador. Porque aunque fuera falsa, aunque fuera en la cama, aunque sus corifeos se quedaran con el cotarro y sin pedir perdón ni pagar la cuenta, un dictador muerto es, siempre, un dictador menos. Gracias, Albert Pla.