2026-06-23

Una ciencia diversa es mejor ciencia

2026-06-23 · 06:32
He estado rehaciendo y cambiando algunas notas de una charla que suelo dar cada año en algún entorno científico cuando llega el orgullo (algunas veces también cuando el día LGTBIQA+ en STEM). La presentación está disponible, en su versión nueva de 2026, como presentación de google: UNA CIENCIA DIVERSA ES MEJOR CIENCIA 2026. Aquí va.



La ciencia ha sostenido históricamente que su búsqueda de la verdad es una labor neutral, ajena a las vicisitudes del contexto social y político. Sin embargo, esta presunta objetividad se desmorona cuando observamos quiénes han definido las preguntas de investigación y cómo se han interpretado los resultados durante siglos. Una ciencia que excluye sistemáticamente a una parte de la humanidad no solo es injusta, sino que está incompleta, y por tanto, es una ciencia de menor calidad.

Vuelvo siempre a la cita de Ben Barres en Nature (2006): "The progress of science increasingly depends on the global community, but only 10% of the world’s population is male and caucasian. To paraphrase Martin Luther King, a first-class scientific enterprise cannot be built upon a foundation of second-class citizens."

La diversidad en los entornos científicos no es un simple ejercicio de responsabilidad social corporativa ni una cuestión de imagen institucional para decorar informes anuales. Es una condición necesaria para el rigor intelectual. Cuando los equipos de trabajo son homogéneos, los sesgos de confirmación se amplifican, las hipótesis se limitan y, en última instancia, las soluciones que proponemos para los problemas globales carecen de la robustez necesaria.

Necesitamos entender la diversidad como un factor de fortaleza, donde la suma de distintas realidades y experiencias mejora nuestra capacidad para interpretar el mundo.

La realidad en España nos ofrece datos que no podemos ignorar: el informe de evolución de los delitos e incidentes de odio publicado por el Ministerio del Interior en junio de 2026 cifra en 2.417 los hechos conocidos durante el año anterior, lo que representa un incremento del 23,6 por ciento. Esta tendencia no es un fenómeno aislado de la calle, sino que permea las estructuras académicas y profesionales. Los datos de la Agencia de Derechos Fundamentales de la Unión Europea reflejan esta hostilidad, con niveles preocupantes de acoso escolar y discriminación que alcanzan a una gran parte del colectivo LGTBIQA+. Paralelamente, los discursos de odio aumentan y son amplificados con toda impunidad. Si hace unos años "maricón" era el insulto -tristemente- más popular en los centros educativos, esto no ha hecho sino aumentar con señalamientos y acoso en las redes de mayor popularidad.

Volviendo al entorno de la ciencia y la tecnología, pero entendiendo que sucede también en todos los ámbitos de la realidad laboral y económica constatamos la importancia de la institucionalización de ese discurso fóbico: cuando una sociedad o un centro de trabajo toleran o institucionalizan el rechazo, lo que ocurre en la práctica es que una parte del talento (también el científico) se ve forzado a la autocensura o directamente al abandono de su carrera profesional, empobreciendo el sistema entero.

El desafío se vuelve especialmente crítico cuando trasladamos esta problemática al desarrollo tecnológico. La inteligencia artificial y los algoritmos que ya condicionan nuestras vidas no son entidades abstractas, sino que son el producto de bases de datos que arrastran prejuicios humanos. Como señala el informe de GLAAD de 2026 sobre el impacto de la tecnología en nuestra comunidad, si no somos rigurosos en la diversidad de los datos de entrenamiento, estamos automatizando y escalando las desigualdades del pasado. Un error de diseño en un algoritmo no es un fallo técnico menor, es una decisión deliberada de ignorar la realidad social, y eso es incompatible con la excelencia científica.

Ante esta situación, la respuesta institucional a menudo se queda en la superficie o se escuda en una mal entendida libertad de investigación. Debemos ser claros al respecto, la ciencia no debe debatir sobre la legitimidad de los derechos humanos. Los derechos fundamentales no están sujetos a revisión académica ni a encuestas de opinión. Cuando se permite que bajo la excusa de la libertad de cátedra se promuevan discursos que patologizan identidades o denigran a personas, se está rompiendo el contrato ético de la ciencia. La neutralidad ante la injusticia solo sirve para fortalecer a quien discrimina.

La solución no puede depender exclusivamente de los departamentos de recursos humanos o de la voluntad política de las direcciones de los centros. La experiencia nos dice que el cambio real nace de la articulación de redes de apoyo mutuo, estructuras horizontales como las que promovemos desde asociaciones como PRISMA. La estrategia debe ser el blindaje colectivo, la documentación rigurosa de los incidentes y la negativa a legitimar espacios donde se promueve la exclusión. La excelencia científica es incompatible con la hostilidad hacia sus propios integrantes, y construir un entorno seguro no es una opción, es un imperativo para poder hacer ciencia de verdad.

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